Dando un paseo por Londres, en
media hora aproximadamente, podemos ir desde la Tate Britain hasta la Royal
Academy en Burlington House, Picadilly: o bien a su antigua sede en el Strand,
en Somerset House. Se trataría de trasladarnos en el tiempo, situarnos en el
siglo XIX y sentirnos como esas personas que acudieron a la exposición anual en
1832 a la Royal Academy (R.A.) y oyeron decir a Constable, que Turner había
estado allí y había disparado un cañón.
Nos referimos a la famosa
anécdota recogida en numerosa bibliografía, cuando Turner exponía Helvoetsluys
y Constable The Opening of Waterloo Bridge. El cuadro de Turner es una
marina de oleaje fuerte y viento impetuoso, el de Constable hace referencia a
la inauguración del puente donde se puede apreciar e humo de la salva de un
cañón. El tamaño del cuadro de Constable, es más o menos el doble que el de
Turner, éste, durante los días de barnizado (varnishing days), aprovechó
para pintar una boya roja que anteriormente no estaba, de ahí la expresión del
disparo de Constable al verlo de nuevo modificado. Es una mancha roja que atrae
toda la atención de alrededor.
Estos dos cuadros se pudieron ver
en la exposición que se hizo en el Museo del Prado en verano del 2020. La
exposición se tituló Turner y los maestros con cuarenta cuadros de
Turner, algunos de los cuales están en ésta exposición londinense que se
organiza para conmemorar el 250 aniversario de los nacimientos de J.M.W. Turner
y John Constable, nacidos en 1775 y 1776, respectivamente. Si bien se han
comparado a menudo, tanto en su época como en la actualidad, esta es la primera
gran exposición que analiza conjuntamente a los dos paisajistas que fueron contemporáneos,
colegas y rivales y ambos fueron objeto de críticas por las innovaciones que
aportaron a la pintura de paisajes.
Sus reputaciones póstumas han
sido muy semejantes, pero durante la mayor parte de su vida, Constable se
sintió eclipsado por Turner. Turner, un londinense de clase obrera, despegó
rápidamente, mientras que Constable, nacido en una familia adinerada y refinada
de Suffolk, conoció el éxito mucho más tarde. Al considerar sus contribuciones,
cabe recordar que Turner sobrevivió a Constable catorce años, extendiéndose su
carrera hasta la época victoriana.
La costumbre de Turner de viajar
incansablemente por Europa impulsó su obra. Constable realizó obras en lo que
se conoce como "Constable Country" que incluiría el distrito de los
Lagos, Dorset, Londres y Sussex, un área de aproximadamente dos kilómetros
cuadrados a orillas del río Stour, en la frontera entre Suffolk y Essex. La
intensa y persistente atención de Constable a su paisaje nativo catalizó su
innovadora e incansable búsqueda de una representación naturalista del paisaje,
mientras que Turner adoptó un enfoque mucho más estilizado para sus temas,
geográfica e históricamente extensos, de dramatismo, amplificación y máximo
impacto.
En la Tate, se custodia el Legado
Turner, un notable conjunto de casi 300 óleos y alrededor de 37.000 bocetos y
acuarelas que el artista dejó a la nación y que se conserva en la Galería Clore
de la Tate Britain. En menor medida, lo mismo puede decirse de Constable, cuya
obra, gracias al legado de su hija Isabel en 1888, se conserva en mayor número
en el Victoria & Albert Museum (V&A).
“Fuego y agua”, así resumió un
crítico una combinación de obras de J.M.W. Turner y John Constable en la
Exposición de Verano de la R.A. de 1831. Las obras eran Caligula’s Palace
and Bridge [Palacio de Calígula] y Salisbury Cathedral from the
Meadows [Catedral de Salisbury desde la Pradera] respectivamente, una
pareja que dio lugar a una comparación más directa y sostenida de la obra de
los dos pintores que nunca se había visto, aunque la prensa ya los había
comparado en 1819. Esta yuxtaposición de pinturas contribuyó a la idea
evolutiva de los dos pintores como opuestos y provocaron una oleada de
comparaciones metafóricas entre lo caliente y lo frío. Estas pinturas siguen su
estilo: Turner nos ofrece el calor y la bruma del sol italiano, mientras que
Constable, fiel a sus estudios de nubes, evoca un complejo paisaje y parece
visualizar el cliché de las cuatro estaciones en un solo día del clima
británico. Turner combina algunos de sus temas favoritos en el Palacio de
Calígula —una mezcla de historia clásica y mito, arquitectura y la arrogancia
del hombre— y lo baña en su color favorito, el amarillo cromo. Cada pintor
subrayó la importancia emotiva de su obra añadiendo poesía a su entrada en el
catálogo de la exposición de la R.A. Constable citó Seasons [Estaciones]
del poeta del siglo XVIII James Thomson (también una de las favoritas de
Turner) y Turner sus propios versos.
La historia del arte enfrenta
rivalidades: Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, Reynolds y Gainsborough, Manet y
Degas, Picasso y Matisse... la lista continúa. En el caso de Turner y
Constable, hay material para tejer una rivalidad entre hombres que eran polos
opuestos en todo, salvo en su elección de profesión. Tomemos como ejemplo sus
circunstancias domésticas. Constable fue padre de siete hijos y se hizo cargo
de ellos tras la pérdida de su esposa María, a los cuarenta y un años, en 1828.
Turner fue padre de dos hijas pero no era el hombre de familia que era
Constable, nunca se casó con la madre, Sarah Danby, y no parece haber jugado un
papel importante en la vida de sus hijas.
Si bien hay poca evidencia que
respalde de que a Turner no le gustaba mucho Constable, en cambio hay mucha
evidencia —en parte debido a la relativa abundancia de su correspondencia— de
la frustración de Constable ante el dominio de Turner. Ciertamente provenían de
mundos diferentes. Turner era un chico de ciudad, nacido en 1775 y criado en la
barbería de su padre en Covent Garden, el corazón palpitante del Londres
comercial. Constable nació un año después en la campiña de Anglia Oriental
donde el patrimonio empresarial de su padre le permitió vivir en una casa
elegante. Identificado como una estrella en ascenso, los paisajes de Turner le
dieron fama con gran rapidez. Constable tardó más en alcanzar los mismos hitos
profesionales. Cuando apenas comenzaba sus estudios en la Royal Academy
Schools, Turner contaba con el respaldo de artistas de renombre y fue elegido
miembro asociado de este importante organismo profesional. A los veintisiete
años y con una lista de encargos que apenas podía seguir, Turner se convirtió
en académico de pleno derecho, un título que se le escapó a Constable —quien
vendió mucho menos obra que Turner— hasta los cincuenta y tres. Hoy, unos 250
años después de su nacimiento, hay quienes consideran que sus obras son tan diferentes
que se originaron en épocas completamente distintas; de hecho, a muchos les
sorprende que nacieran con solo un año de diferencia.
La formación académica de ambos
se centró en el dibujo al natural, una habilidad necesaria para producir lo que
la Academia más apreciaba: grandes pinturas históricas figurativas con
narrativas moralmente edificantes. Sin embargo, en lo que respecta al mercado
del arte, el paisajismo era el tema de moda. El paisaje reflejaba la
guerra, la colonización, la urbanización, la industrialización y la agitación
política, cambios que literalmente moldearon el mundo en el que vivieron Turner
y Constable. Si bien la Academia ofrecía matrícula gratuita, no había becas
para materiales ni gastos de manutención. Turner pronto vendió sus acuarelas y
le proporcionó una economía rentable. Constable tuvo ayuda de su padre, aunque
la necesidad de ganar dinero le impulsaba a realizar retratos, antes que le
fuera rentable la pintura de paisajes.
Las vías fluviales británicas se
consideraban lugares de productividad y mejora, la innovación de Constable consistió
en reafirmar su narrativa sobre el Stour, que nadie antes que él las había
representado a tan gran escala ni las había plasmado con un estilo tan audaz
que valorara la articulación de la atmósfera: la brisa, la frescura y la
delicadeza de la luz. Constable aplicó un rigor sin precedentes y una obsesión
casi absoluta que dio como resultado algunos de los ejemplos más célebres de
paisaje en el arte británico.
Turner poseía dos ventajas
importantes sobre Constable: primero, geográfica, ya que los londinenses tenían
más probabilidades de asistir a la R.A., y segundo, el apoyo paterno. Los
padres de Constable lo instaron repetidamente a conformarse con un puesto en el
negocio familiar. Incluso diez años después de que su hijo se mudara a Londres
para dedicarse al arte, eran incapaces de ver cómo el camino que había elegido
le permitiría vivir una vida respetable y caballerosa (dado lo poco que ganaba).
El más sincero deseo de su padre, le escribió su madre, “es que... ganes dinero”.
Al final, fue la muerte de su padre en 1816 la que le proporcionó una base
financiera más sólida y le permitió casarse con Maria Bicknell tras un noviazgo
de siete años.
Cada artista dejó un importante
rastro documental que ha moldeado la forma en que los analizamos a ellos y a su
obra. Los cuadernos de bocetos de Turner reflejan su compulsión por el dibujo
durante toda su vida. Unos trescientos, cuidadosamente etiquetados y
conservados por el artista, son almacenes privados de la memoria que registran
sus viajes en gira y su interés por temas que abarcan desde la química hasta la
ópera. Otros documentos incluyen manuscritos de conferencias que impartió como
profesor de Perspectiva de la Royal Academy y fragmentos de poesía, denominados
colectivamente The Falacies of Hope [Las Falacias de la Esperanza]. Aun
así, Turner sigue siendo un enigma mayor que Constable. Él también dejó apuntes
de conferencias, sobre pintura de paisajes, y, a diferencia de la serie de
grabados Liber Studiorum de Turner, puramente basada en imágenes,
escribió un texto para su English Landscape [Paisaje Inglés] alejado de explicaciones
pomposas. Podemos acercarnos a Constable —su amor por la vida familiar, sus
ansiedades, su política y su perverso sentido del humor— a través del vasto
corpus epistolar que se conserva. Aunque en apariencia era privado, escribir
cartas era una actividad social, y Constable habría sido consciente de que su
pluma contribuía tanto como su pincel a su personalidad.
Los trabajos que Turner realizó
en su adolescencia —como ayudante de delineante arquitectónico y copista de
acuarelas de paisajes— lo expusieron a una amplia gama del arte topográfico.
Las acuarelas que realizó durante su adolescencia y principios de sus veinte
años le permiten capturar el carácter de los lugares a través de dibujos
detallados, composiciones novedosas y atmósferas vibrantes. Su propensión a la
experimentación y su fascinación por la luz también comenzaron en esta época,
como se aprecia en A Transparency: A Moss-Covered cottage and Shed, with a
Man Smoking and a Lantern (and verso) (1794-5) una transparencia, como
indica su título, para ser iluminada desde atrás.
La acuarela es una parte vital de
la historia de Turner, desde el momento en que recibió un juego de acuarelas de
niño, este medio se convirtió en un elemento clave de su práctica artística.
Sus primeras acuarelas expuestas fueron las obras que alertaron a la crítica
sobre su excepcional talento y las referencias a la "magia" de sus
acuarelas de madurez eran frecuentes. Turner aplicaba el color prismáticamente,
superponiendo diferentes combinaciones de colores primarios (rojo, amarillo y
azul) para crear los colores secundarios: naranja, morado y verde, reflejando
la constante investigación de Turner sobre el color y la luz, para lo cual podría
haberse inspirado en las teorías del físico escocés Sir David Brewster
(1781-1868), a quien Turner conoció durante un viaje a Edimburgo en 1818.
Constable empezó a usar óleos al
aire libre en 1802, sin embargo fue alrededor de 1808 cuando Constable parece
haberse dedicado a esta práctica en serio. Al pintar al aire libre, Constable
usaba vejigas de cerdo llenas de óleos prefabricados (un desarrollo
relativamente reciente en materiales para artistas) y una silla plegable para
mayor comodidad (en la exposición). Muchos de los bocetos presentados en esta muestra
destacan por su vibrante colorido y sus efectos atmosféricos que reflejan el
esfuerzo de Constable por capturar diferentes momentos del día, como View
toward the Rectory, East Bergholt [Vista hacia la rectoría, East Bergholt ]
(1810).
Turner y Constable forjaron sus
carreras en un mundo artístico dominado por el entusiasmo por los Antiguos
Maestros europeos. Fundamental para su práctica fue el estudio tanto de los
antecedentes continentales como de los pioneros del paisaje británico, quienes
a su vez se habían inspirado en los Antiguos Maestros. En esta segunda
categoría se encontraban Thomas Gainsborough (1727-1788), nacido en Suffolk,
cuyas escenas de bosques de inspiración holandesa siempre estuvieron presentes
en la mente de Constable, y el galés Richard Wilson (1714-1782), cuya
aplicación de un filtro claudiano al paisaje británico inspiró tanto a Turner
como a Constable. La perdurable apreciación de Constable por la tradición
paisajística holandesa comenzó incluso antes de mudarse a Londres para
dedicarse profesionalmente al arte. Admiraba los grabados de las
representaciones de molinos de viento de Jacob van Ruisdael.
Era costumbre que los nuevos
miembros de la R.A. donaran una obra representativa de su talento a su
colección. Estas se conocían como Diploma Works [Obras de diploma]. Las
pinturas presentadas por Turner y Constable, aunque reflejan diferentes etapas
de su vida, señalan algunas de las diferencias más profundas en su visión del
paisaje. Dolbadern Castle, North Wales [El Castillo de Dolbadern, norte
de Gales], de Turner, expuesto en 1800, fue pintado en una época en la que el
artista se alineaba hábilmente con un elenco estelar de predecesores
artísticos. Su ambientación galesa era un guiño al pionero del paisaje
británico Richard Wilson (1713-1782), quien había desatado el potencial
artístico de su Gales natal. El “salvaje” italiano Salvator Rosa (1615-1673)
había proporcionado un modelo para las características originales del paisaje
descrito como sublime: montañas vertiginosas y rocosas, oscuridad y presagios.
La silueta de la torre del castillo contra la zona más luminosa del cielo fue
un recurso tomado de una composición muy venerada del maestro holandés
Rembrandt van Rijn (1606-1669), El Molino. Turner insertó en el catálogo los
siguientes versos, posiblemente escritos por él:
“How awful is the silence of the waste,
Where nature lifts her mountains to the
sky,
Majestic solitude, behold the tower
Where hopeless OWEN, long imprion’d,
pined
And wrung his hands for liberty, in
vain”.
Terrible es el silencio del yermo /
donde la naturaleza eleva sus montañas hasta el cielo, / augusta soledad: ved
ahí la torre / donde Owen tanto tiempo languideció sin esperanza, / y
retorciéndose las manos clamó en vano por la libertad.
El Owen nombrado es Owain Goch ap
Gruffydd, que vivió más de veinte años encerrado en ese castillo solitario en
castigo por haberse sumado a una rebelión contra su hermano Llewellyn, el
último príncipe de Gales. Los versos del catálogo pretendían reforzar un
mensaje que Turner intentaba comunicar ante todo por medio visuales, su meta
era maximizar las posibilidades expresivas del paisaje. Además aprovechó la
tendencia más amplia en las artes literarias y visuales que idealizaba la lucha
de Gales por la libertad, este tema también sonó cierto para algunos en la
década de 1790, cuando el gobierno británico, temeroso de que la revolución se
extendiera desde Francia, intentó frenar la propagación de ideas radicales y
protestar con las llamadas Leyes Mordaza. La ambición y la fuerza atmosférica
del Castillo de Dolbadern se basan, por lo tanto, en lo que se
convertiría en un proyecto de toda la vida para Turner: la simbiosis entre pintura
y poesía.
La pintura que eligió Constable
para representarlo en la colección de la R.A., A Boat Passing a Lock (1826)
[Un barco pasando una esclusa], era una variación horizontal de un lienzo más
grande que había expuesto en 1824 y que define profundamente su identidad como
artista donde los ríos, un elemento clave de la iconografía tanto de Turner
como de Constable, eran un elemento básico de la cultura del paisaje
topográfico, y sus cauces eran el vehículo perfecto para explorar las
cualidades históricas, culturales, contemporáneas y estéticas de cualquier
lugar. Sin embargo, para Constable era crucial el principio general de los
diálogos armoniosos entre las personas, la naturaleza y Dios.
Cada uno desarrolló formas
distintivas e innovadoras de aplicar la pintura y usar el color, creando
pinturas nunca antes vistas, arriesgando las ventas y la reputación. Si bien la
crítica les importaba relativamente, ninguno de los dos artistas se complacía
demasiado con el gusto del público (liberados, como estaban, por una relativa
libertad financiera). Mostraron su genio con desenfreno, forjando visiones y
nombres distintivos en la historia del arte británico en el proceso. Su misión
principal era la misma: crear pinturas sumamente emotivas y originales, basadas
en el estudio de la naturaleza. El objetivo de Constable era la autenticidad a
través de una réplica minuciosa de las formas de la naturaleza, de ahí surgió
su uso de verdes intensos y su manejo radical de la pintura, que lo llevó a
rechazar cada vez más las superficies lisas y pulidas. Constable quería que sus
espectadores apreciaran cómo había usado su medio para evocar las texturas de
la naturaleza, su atmósfera y la calidad de la luz.
Tanto Turner como Constable
retrataron Salisbury y su paisaje circundante, un lugar de gran importancia
histórica, religiosa y política. Aunque Turner llegara primero en 1795, para
Constable, Salisbury adquiriría especial importancia por ser el hogar de su
mejor amigo. Conceptualmente, la Catedral de Salisbury y el Palacio
de Calígula tienen mucho en común. Al referirse al pasado —en el caso de
Turner, a la arrogancia del emperador romano Calígula, y en el de Constable, a
la longevidad del cristianismo en Gran Bretaña—, ambas pinturas hablan de un
presente dominado por la incertidumbre y al borde de un gran cambio. El
panorama político de 1831, cuando se exhibieron estas pinturas, estaba en plena
transformación: la revolución recorría Europa y la presión por una reforma
política en Gran Bretaña aumentaba. La Catedral de Salisbury constituye la
metáfora de la Iglesia bajo una nube utilizada para describir la amenaza que la
reforma representaba para la autoridad política de la Iglesia Anglicana; por lo
tanto, es en parte una protesta emotiva de un artista anglicano, políticamente
conservador y preocupado por las amenazas al statu quo.
En La Catedral de Salisbury
desde la pradera se aparta de los precedentes en cuanto a formato,
composición y ejecución pictórica. Trabaja entre extremos de distancia y
proximidad, entre detalle y amplitud, para crear una representación sumamente
novedosa de Salisbury. Constable utiliza el curso de agua para unir la ciudad,
la catedral y, en el extremo derecho, las colinas circundantes. De este modo,
combina todos los elementos característicos de la topografía de Salisbury
mediante una hábil manipulación del espacio: primero, comprimiendo el espacio
lateral, acercando estos elementos, y luego, adelantando la catedral. Esto da
lugar a una descripción inusualmente íntima y completa del paisaje de
Salisbury, que enfatiza la perspectiva personal de Constable: para él,
Salisbury era un microcosmos de la sociedad ideal, en la que la ciudad, el
campo, la iglesia y Dios estaban estrechamente alineados y funcionaban en
simbiótica armonía. Se exhibió entre dos hitos importantes de la reforma
política: la Ley de Emancipación Católica de 1829, que aumentó los derechos
civiles de los católicos en Gran Bretaña, y la Ley de Representación del Pueblo
de 1832.
Las historias del mundo antiguo,
tanto míticas como históricas, le fascinaban a Turner. Los paisajes clásicos
ofrecían un terreno fértil para la experimentación y la interpretación: Turner
tenía cuarenta y cuatro años cuando finalmente visitó Italia en 1819. Solo
entonces pudo experimentar de primera mano la luz y el paisaje que habían inspirado
a tantos artistas antes que él. Tras sus viajes por Italia, bañó sus pinturas
de luz y color, y sus paisajes clásicos de esta época poseen una cualidad
sobrenatural, como si intentaran capturar la maravilla de Italia y sus
antigüedades. En The Bay of Baiae, with Apollo and the Sibyl [Bahía de
Baias, con Apolo y la Sibila], expuesta en 1823, el azul intenso del cielo
contrasta con el amarillo y el naranja de los edificios y el paisaje, lo que le
da a la pintura un tono casi onírico. Bahía de Baias narra la historia
de la Sibila de Cumas, extraída de las Metamorfosis de Ovidio, quien le
pidió al dios Apolo que viviera mientras hubiera granos de arena en su palma.
Expuesta con los versos “Llévame a las soleadas costas de Baias”, tomados de la
“Oda a Calíope” de Horacio, la obra narra las melancólicas reminiscencias de
Turner de su estancia en Italia.
En su segunda visita a Italia, en
1828, Turner centró su atención en Roma, estableciendo allí un estudio y
exponiendo sus obras. Roma, como símbolo de los ciclos históricos y del auge y
caída de los imperios, serviría de inspiración frecuente para las últimas obras
de Turner. Ancient Italy: Ovid banished from Rome [Antigua Italia: Ovidio desterrado de Roma], expuesta en 1838,
se centraba en el exilio de Ovidio de Roma a la isla de Tomis, actual
Constanza, en Rumanía. Aunque los historiadores han debatido la causa exacta
del destierro del poeta, Turner probablemente lo relacionaba con la poesía
provocativa de Ovidio que iba contra las leyes morales (Leges Iuliae)
impuestas por emperador Augusto tras las guerras civiles. El amarillo intenso
de la composición y la imponente arquitectura clásica, fundiéndose con el sol poniente,
crean un aura de decadencia, equiparando la negación del talento artístico con
el inevitable fin del imperio. La obra vista a través de una deslumbrante
neblina amarilla ofrece una visión fantástica de Roma que enmarca el oro blanco
del sol poniente. Los monumentos de la ciudad se disponen en una configuración
imposible: justo a la izquierda del sol se encuentra el Arco de Constantino,
con el monte Aventino alzándose tras él, la agrupación de figuras a la
izquierda, tras el caos de lo que podrían ser las pertenencias saqueadas de
Ovidio, parece indicar su arresto. A la derecha, dos hombres empujan una barca
con un recinto similar a una jaula. Se han hecho diversas sugerencias sobre su
significado colectivo; la Italia antigua podría representar el peligro que
corren las artes cuando se destierra la libertad creativa simbolizada por
Ovidio.
Constable era un hombre cuyos
movimientos estaban impulsados por
la practicidad. Viajaba de un lugar a otro por motivos personales: a Dorset o
Salisbury cuando visitaba a su amigo John Fisher; a Brighton cuando la
enfermedad de su esposa le impedía respirar aire fresco; y, por supuesto, iba y
venía entre su hogar de la infancia en Suffolk y su base profesional en Londres,
hizo de ser lo que él llamaba un artista "casero" una virtud. Durante
la década de 1820, mientras Constable se labraba un nombre como cronista del
río Stour, Turner exploraba activamente las grandes vías fluviales de Europa:
visitaba el Sena, el Rin y sus afluentes. Durante la década de 1830, visitó los
Alpes, y para la de 1840 fueron Venecia, Suiza y Alemania los que despertaron
su imaginación.
A diferencia de Constable, quien
nunca viajó al extranjero, Turner fue uno de los artistas más viajados de su
generación. De modo que, ya en 1791 y hasta 1845, se convirtió en su costumbre
emprender un viaje de investigación al menos una vez durante su año laboral. El
momento de la partida solía ser a finales del verano o principios del otoño,
una vez finalizada la temporada de exposiciones. Los hábitos itinerantes de
Turner explican en gran medida la considerable cantidad de cuadernos de bocetos
que utilizó durante su vida (casi trescientos, en comparación con los cuarenta
y cinco que usaba el más sedentario Constable). Durante sus viajes, dibujaba
con mayor prolificidad, llenando página tras página con registros rápidos de
paisajes desconocidos, a veces en acuarela (con un juego casero de pinturas
portátiles), pero con mayor frecuencia en grafito. En conjunto, los cuadernos
de bocetos fueron una herramienta esencial para la recopilación y el filtrado
de datos y dan testimonio de su amplia curiosidad intelectual. Las etiquetas
geográficas que Turner dio a sus cuadernos de bocetos y la visualización casi
continua de sus viajes han ayudado a secuenciar la historia de su vida, dondequiera
que iba, estaba atento tanto al paisaje como a la vida que allí se encontraba:
las historias pasadas y presentes de un lugar y la complejidad de la relación
del hombre con la naturaleza.
Siguiendo con lo anterior, la
contaminación del aire era un poderoso símbolo (del trabajo y la ansiedad, las
glorias del imperio o el éxito comercial), pero no un problema medioambiental.
Sin embargo, para la década de 1830, cuando Turner pintó The Thames above
Waterloo Bridge (1830-35) [El Támesis sobre el puente de Waterloo (n.º
160), la contaminación urbana por humo se reconoció como una preocupación
creciente para la sociedad. De hecho, a principios del siglo XIX existía poca
comprensión de la contaminación ambiental a largo plazo, y solo una concepción
muy teórica del potencial de la actividad humana para afectar el clima. No fue
hasta después de la muerte de Turner que John Ruskin, uno de los primeros
ambientalistas con un temor creciente a la industrialización, planteó por
primera vez la idea de que las obras de Turner podrían ofrecer una
demostración, o un presagio, de los efectos destructivos de la humanidad sobre
el medio ambiente.
Como vimos anteriormente, el
estatus de Constable con valores familiares arraigados en el orden social
tradicional y lealtad a la Iglesia y al Rey, le facilitó la posibilidad de
entablar relaciones con personas que impulsarían su carrera. Su entrada en el
mundo artístico londinense se vio facilitada en última instancia por esta red
de Suffolk. Elizabeth Cobbold (1767-1824), reconocida escritora local y
paleontóloga pionera, fue una figura central en la escena cultural de la
región, recibiendo con frecuencia a artistas, poetas y científicos en su casa
de Ipswich. Durante su estancia con los Cobbold en 1799, Constable conoció a la
escritora, filántropa y cuáquera Priscilla Wakefield (1750-1832). Impresionada
por él, Wakefield escribió una carta de presentación para Constable al
destacado académico Joseph Farington, quien posteriormente le facilitó el
ingreso en las escuelas de la R.A. Asimismo, la madre de Constable, Ann,
recurrió a su amistad con Lady Rachel Beaumont, cuyo hijo, Sir George Beaumont,
era un entusiasta pintor aficionado y un influyente mecenas de las artes. A
través de Beaumont, Constable tuvo la oportunidad de estudiar una extensa
colección de arte privada que contenía la obra de numerosos paisajistas
influyentes, entre ellos Claude Lorrain (1604/5?-1682), Richard Wilson
(1714-1782) y el acuarelista y amigo de Turner, Thomas Girtin (1775-1802).
Al fallecer el padre de
Constable, la familia vendió East Bergholt House. Tras el matrimonio de
Constable en 1816, su familia y su vida artística se asentaron en Londres, y
los largos veranos en Suffolk dedicados a los estudios de campo se volvieron
imposibles de sostener. Sin embargo, mantuvo una estrecha relación con sus
amigos de Anglia Oriental y llevaba a su joven familia de viaje a visitar a sus
parientes del campo. Fue en este contexto que el compromiso artístico de
Constable con la zona encontró su expresión más contundente: la serie de
"six-footers" [pinturas de seis pies] realizadas entre 1819 y 1825,
que inmortalizaron el paisaje como "Constable Country". El término
apareció por primera vez en 1832, durante la vida del artista, y desde entonces
se ha convertido en sinónimo de la zona inmediatamente circundante a Flatford. Si
bien Constable pintó lugares que le gustaban, sabía que la clave para
consolidar su estatus residía en demostrar versatilidad, de ahí que afrontara Chain
Pier, Brighton (1827) [Muelle de cadena, Brighton]. El antiguo
pueblo pesquero se transformó por el turismo de salud, ya que los
convalecientes seguían los nuevos consejos sobre los beneficios de los baños de
mar, y aún más por su asociación con el rey Jorge IV, amante del placer y
plagado de escándalos. Fue la ciudad más de moda y de más rápido crecimiento de
Gran Bretaña. Constable pasó varios veranos en Brighton con la esperanza de que
la brisa marina mejorara la salud de su esposa María. La familia llegó para su
primera estancia en mayo de 1824, justo a tiempo para la tan esperada botadura
del vapor Rapid, que cruzaría el Canal de la Mancha desde el recién construido muelle
de cadena, que, junto con las hileras de nuevas casas, hoteles y el Royal
Pavilion con cúpula de cebolla, llegó a simbolizar el auge de Brighton. Si bien
Constable destaca la identidad tradicional de Brighton como pueblo pesquero,
amplificando la atmósfera ventosa del mar y el cielo, y plasmando la escena en
los tonos fríos de la tradición marinera holandesa. Quizás esperaba que la
pintura fuera del agrado del coleccionista e inversor del muelle, Lord
Egremont, quien había visitado su estudio en Brighton. Sin embargo, al final,
Egremont le encargó a Turner el trabajo quien le dio al Chain Pier su mejor
interpretación de una tranquila puesta de sol en tonos miel Brighton from
the Sea (1829-30) [Brighton desde el mar].
Constable realizó docenas de
bocetos al óleo de nubes y cielos a lo largo de su carrera. Los más famosos
fueron pintados en Hampstead Heath entre 1820 y 1823. Construyó un archivo
completo de formas de nubes —una especie de "historia natural... de los
cielos", como él mismo lo expresó. Cada uno de los estudios tiene su
propia personalidad y la repetición no resulta monotemática, sino que ofrece
una gradual sintonía con la diferencia y la variedad. Siguiendo con este tema, Constable
escribió que el cielo es la "nota clave", el estándar de la escala y
el principal “órgano del sentimiento". Con “sentimiento”, se refiere no
solo a una respuesta emocional, sino también al conocimiento obtenido a través
de la experiencia física y los sentidos así las imágenes que surgen de los
estudios de nubes se complementan con inscripciones en el reverso, que
registran la hora y el día de su creación, el clima en el momento de su
creación y (a veces) el clima posterior.
La nomenclatura que utilizamos
actualmente para las nubes (cúmulos, cirros, estratos y nimbos) fue propuesta
en 1802 por el químico Luke Howard, como parte de su constante búsqueda del
estudio y la enumeración del clima británico. Howard, un ávido dibujante,
incluyó en su ensayo sobre las nubes un conjunto de imágenes de estas nuevas
formas nubosas para ayudar a otros meteorólogos en sus esfuerzos por
interpretar el cielo. Las clasificaciones de nubes de Howard se han considerado
a menudo una fuente clave para los estudios de nubes de Constable.
Un paisajista hábil era aquel que
no solo representaba la naturaleza, sino que también capturaba la experiencia
sensorial de estar en ella. En cierto sentido, las obras de Constable son un
reverso de las representaciones de Turner de barcos de vapor y paisajes urbanos
industriales, que generalmente permanecen fuera de encuadre en las obras de
Constable. A través de sus texturas y pinceladas ásperas, los elementos
naturales se animan, se hacen tangibles, confrontan al espectador con un exceso
de presencia material que activa la obra. Al exhibir facturas flagrantes y
dejar pinceladas visibles en la superficie, Constable —y también Turner—
buscaron trascender el destino bidimensional de la pintura, otorgando una
tangibilidad que, a su vez, dotó a sus paisajes de densidad y solidez, tanto
literales como simbólicas.
El gran interés de Turner por el
color y los efectos de iluminación inusuales es evidente ya en sus primeras
obras. Desde muy joven, adoptó nuevos materiales de forma temprana. Los
retratos de Sir Joshua Reynolds, algunos de los cuales perdieron el color
debido a los tonos de piel o desarrollaron grietas deformantes poco después de
su muerte en 1792, ejemplificaron los riesgos de no ceñirse a materiales y
procesos de eficacia probada. Reynolds se había preocupado más por el impacto
inmediato de una pintura que por su longevidad, y Turner mantuvo la misma
actitud durante toda su vida. Tanto Turner como Constable nacieron a principios
de la Revolución Industrial, durante la cual se inventaron nuevos colores para
artistas. Constable era más cauto en la selección de materiales, como lo fue en
vida en general, pero también experimentó con varios de los nuevos y
emocionantes colores, en su mayoría después de Turner.
Turner pronto desarrollaría
formas de representar en color lo que dibujaba en sus viajes. A lo largo de su
vida, ampliaría su gama de pigmentos de color, desde los tradicionales hasta
nuevos productos, como un pigmento sintético de color naranja brillante que
consiguió en su adolescencia y que emplearía durante toda su vida tanto en
acuarela como en óleo. El uso de una gama de colores amplia y no tradicional en
sus acuarelas, al igual que en sus óleos, le dio una ventaja competitiva e
inspiró a otros artistas a hacer lo mismo: John Ruskin (1819-1900) seguiría su
ejemplo durante su vida, y en la década de 1850 también lo hicieron John
Frederick Lewis (1804-1876) y Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) y su círculo.
Los amarillos brillantes y opacos
también atrajeron a Constable otorgando a su obra lo que se ha venido
calificando como "brillo perpetuamente sentimentalizado". En 1811
comenzó a usar amarillo cromo, y para 1820 ya lo mezclaba con azul de Prusia
para crear una serie de verdes brillantes con pequeños reflejos en paisajes
soleados. Los azules que utilizó incluyeron el ultramar en todas las épocas de
su vida, además del azul cobalto después de aproximadamente 1820. A lo largo de
su vida, Constable mezcló verdes con pigmentos azules y marrones para los más
apagados, y azul y amarillo para los más brillantes, obteniendo una amplia gama
de tonos que se complementaba con mezclas de negro y amarillo brillante. Esto
se aplica tanto al óleo como a la acuarela, y también a las primeras acuarelas
de paisajes ingleses de Turner. El uso universal que Constable hacía de mezclas
de los mismos azules y amarillos puros en otras partes del lienzo mantenía la
armonía, de modo que el rojo y el azul brillantes utilizados para las prendas
que vestían figuras relativamente pequeñas dentro de los paisajes más grandes
resaltaban con fuerza. Si bien la técnica de Constable cosechó numerosas
críticas, su uso del color eludió las críticas frecuentes dirigidas contra
Turner por su falta de armonía. A partir de la década de 1830, Turner dio
rienda suelta a su apetito por el color intenso y brillante, con la intensidad
de obras como Luz y color (Teoría de Goethe), expuesta en 1845,
proveniente de extensiones de amarillo cromo y el recién inventado verde
esmeralda o el verde viridiana de tonos más azulados, utilizados en lugar de
verdes mixtos.
Recientemente redescubierta
después de 160 años The Rising Squall, Hot Wells, from St Vincent’s Rock,
Bristol (1793) [La borrasca creciente, Hot Wells desde St Vincent’s Rock,
Bristol] es la primera pintura al óleo de Turner expuesta. Completada cuando
tenía tan solo diecisiete años, nos ofrece una nueva perspectiva de su
importantísimo dominio de la pintura al óleo, un paso necesario para cualquier
pintor que aspire a ser miembro de la R.A. La borrasca creciente se
asemeja mucho a la obra del artista francés emigrado Philippe Jacques de
Loutherbourg, cuyas pinturas abundaban en efectos dramáticos y figuras
dinámicas, y aunque era criticado por eso, gozaba de la estima del público por
el efecto sublime que provocaba y era a quien había que vencer en la
exposición.
Como vimos anteriormente, en la
década de 1790, Turner realizó una serie de acuarelas diseñadas para ser
iluminadas desde atrás. Turner no fue el único paisajista que experimentó de
esta manera. Su antecesor, Thomas Gainsborough, pintaba óleos sobre vidrio y
creó una vitrina (showbox) para exhibirlos, mientras que de
Loutherbourg, cuyo estudio Turner visitaba con frecuencia, produjo innovaciones
como el Eidophusikon, una espectacular experiencia teatral tridimensional que
utilizaba efectos de luz para animar el paisaje.
Con Fishermen at Sea [Pescadores
en el mar], exhibido en 1796 Turner impulsa la moda de las escenas nocturnas, demostrando
su conocimiento del antiguo maestro holandés Rembrandt en su hábil
representación de la luz de la lámpara y la luna. El tema también le sirvió
para demostrar que dominaba por completo la pintura al óleo, en concreto la
técnica de trabajar de la oscuridad a la luz y los dramáticos contrastes que se
pueden lograr en este medio.
Por primera vez en 1798, los
expositores de la R.A. pudieron añadir fragmentos de poesía a las entradas de
sus pinturas en el catálogo de la exposición. En Morning amongst the
Coniston Fells, Cumberland [Amanecer entre Coniston Fells, Cumberland]
Turner añadió versos del Paraíso Perdido de Milton. Tanto los títulos de sus imágenes y las citas
incluidas en los catálogos de la R.A. proporcionan un marco o una orientación
para que la comprensión comience a afianzarse a medida que se contempla la
imagen. Pero los títulos y la iconografía no agotan el significado de una
imagen: el significado está plasmado en la textura de la pintura, la
disposición de las formas, la articulación del espacio, la orquestación del
color y las estructuras de la superficie pintada.
Sobre las relaciones pintura y poesía en Turner nos hemos ocupado en Poética
Picasso (Huega & Fierro, 2023. Es también fuente bibliográfica para
este artículo, junto con la web de la Tate Britain referido a esta exposición y
el catálogo de la misma), donde abordamos específicamente los cuadros y las
acuarelas de Turner que se acompañan con poemas. Extractos de su colección poética Falacies of Hope
acompañarían desde 1812 a muchas de las pinturas de Turner, aunque el texto
nunca se completó ni se publicó. En Snow Storm: Hannibal and his Army
crossing the Alps anexó
versos a una de sus pinturas exhibidas y aquí Turner alude a ‘M.S. P.
Fallacies of Hope’ como la fuente de la poesía. Era la primera vez que citaba
lo que finalmente se convirtió en un título manuscrito famoso y en ocasiones
ridiculizado. Hasta 1850, el último año que Turner expuso, la misma fuente se
encontraba a menudo debajo de muchos de los versículos que Turner adjuntó a los
títulos de sus pinturas.
The Passage of Mount St
Gothard from the centre of Teufels Broch (Devil’s Bridge) [El paso del
Monte San Gotardo desde el centro del Puente del Diablo], 1804. Cuando ésta y
otras acuarelas alpinas, derivadas de la reveladora gira por Italia de Turner
en 1802, se exhibieron en una exposición en 1819, muchos visitantes las
consideraron el punto culminante de la muestra. Solo por su escala, esta
acuarela es increíblemente ambiciosa: las acuarelas no se hacían habitualmente
a una escala tan grande, pero hacerlo fue una respuesta a quienes consideraban
que el medio era incompatible con el arte intelectual. Turner aborda aquí lo
sublime, la representación de la naturaleza en su forma más emocionante, una
experiencia vicaria del peligro, la grandiosidad y el horror como espectacular
entretenimiento visual. Su escala subraya esto —el dramatismo se amplía—, pero
también facilita la apreciación de la gama de trucos técnicos de Turner, desde
la eliminación de la pintura húmeda para crear la niebla hasta el raspado para
revelar el blanco del papel, formando riachuelos que fluyen por la ladera de la
montaña. La composición posee una sorprendente simplicidad, realzada por el
contraste vertical de colores cálidos y fríos, una yuxtaposición que se
convertiría en una de las formas favoritas de Turner de utilizar el color (como
también se ve, por ejemplo, en la acuarela del castillo de Norham).
Snow Storm: Hannibal and his
Army Crossing the Alps, [Tormenta de nieve: Aníbal y su ejército cruzando
los Alpes]. Turner desafió las convenciones al insistir en que esta obra
estuviera colgada a la altura de los ojos cuando se exhibió por primera vez en
la exposición de la R.A. de 1812. Las pinturas grandes solían colgarse en alto,
sobre todo si eran obras de académicos. Turner había amenazado con retirar
todas sus propuestas ese año si sus colegas no respetaban sus deseos. Sin
duda, parte del concepto de Turner para esta pintura era que los espectadores
se sintieran inmersos en ella, contemplando el valle como si nosotros también
estuviéramos en las montañas, cerca del caos. El impacto de la obra está en el
vórtice compositivo que amenaza con arrastrarnos al remolino levantado por la
tormenta con la figura de Aníbal que se supone lejana a lomos de un elefante. Aquí
la tendencia de los argumentos de
Turner es clara; la naturaleza debe ser el último atractivo del arte; pero el
color natural era, para él, también un lenguaje de sentimiento. Esta fue una
actitud de gran importancia para las imágenes de Historia de Turner de las
siguientes décadas.
Lo campos se convirtieron en el
estudio de Constable donde transitar hacia la verdad que buscaba en su obra. En
su exposición de 1815, se destacó su luz solar brillante, su frescura aunque
aún consideraban su acabado algo tosco. Otra innovación sentó las bases para el
proceso idiosincrásico de los paisajes de «seis pies» de Constable. Dedham
Lock and Mill [Esclusa y molino de Dedham] se basa en un boceto de tamaño
equivalente, probablemente realizado al aire libre. Este cambio, aparentemente
sencillo, en su proceso se convirtió en parte integral de la realización de sus
pintorescas obras de “seis pies”, con The White Horse [El Caballo Blanco]
de 1819, demostró la gran ambición de Constable y aceleró su renombre. Ese
mismo año, Constable alquiló una casa en Hampstead, con la esperanza de que el
aire más limpio aliviara la tuberculosis de su esposa, María. La mudanza dio
origen a otro hábito sin precedentes: el "skying" (como él lo
llamaba y que podemos traducir como “encielar”), realizando rápidos bocetos al
óleo del cielo de Hampstead, esas nubes de las que hemos hablado más arriba.
The Wheatfield [El campo
de trigo] (1816): Con el valle del Stour como telón de fondo, Constable retrata
un reluciente campo de trigo atendido por hombres cosechando (sus cabezas y
brazos se vislumbran por encima del trigo en el plano medio), mientras varias
mujeres y un niño recogen las espigas sobrantes. Cuando Constable expuso esta
pintura por segunda vez, en 1817, añadió a su entrada en el catálogo de la
exposición versos de un popular poema del poeta contemporáneo Robert
Bloomfield, The Farmer’s Boy [El muchacho del granjero] (1800): “¡Ningún
rastrillo se lleva aquí lo que el cielo a todos concede / Hijos de la
necesidad, para vosotros fluye la abundancia!”. Esta referencia subraya la
visión idealista de Constable de la cosecha como una época de abundancia sin
complicaciones. Sin embargo, Constable era plenamente consciente de que la vida
en el campo no era tan pródiga ni tan idílica como aparece en el cuadro.
La exposición anual de la R.A.,
precursora de la actual Feria de Verano, fue el punto de encuentro de los
tambores de las artes escénicas y la creación y producción de obras de arte. La
exposición se convirtió en un escaparate para artistas emergentes, cuyo reto
era encontrar maneras de que sus obras destacaran entre la multitud.
Frecuentemente controvertidas, pero siempre innovadoras, las obras de Turner
rara vez dejaban de dar que hablar. Sin embargo, en la década de 1810, Constable
luchaba por hacerse notar. La retroalimentación de que sus pinturas no llamaban
la atención condujo a un desarrollo importante: la creación de pinturas de gran
formato conocidas como "seis pies". Ampliar la escala dio sus frutos
y con El caballo blanco (1819), la primera obra de seis pies marca un
punto de inflexión en su carrera y lo llevó a ser elegido Miembro Asociado de
la R.A.
Cuando Constable comenzó a pintar
sus cuadros de “seis pies”, él y Maria vivían con sus hijos pequeños en una
casa alquilada en Keppel Street, Bloomsbury. Aunque Constable tenía un cuarto
de pintura allí, el espacio era un problema y, al parecer, cada vez que uno de
sus lienzos de 1,83 metros tenía que salir del edificio, era necesario quitar
una ventana. En 1821, la familia alquiló una casa en Hampstead, pero Constable
consideró que el pequeño cobertizo en el jardín era demasiado pequeño para el
tamaño de los cuadros que quería pintar, por lo que alquiló una habitación en
una cristalería de Londres. Fue allí donde trabajó en View on the Stour near
Dedham [Vista del Stour cerca de Dedham]. En 1824, esta obra se exhibió
junto con El carro de heno en el Salón de París, y Constable recibió
allí la codiciada medalla de oro.
El boceto para el Castillo de
Hadleigh (1828-29) es célebre por la energía palpable de su superficie.
Vigorosas pinceladas y remolinos caracterizan el cielo; en otras partes, la
pintura se aplica con una gruesa capa con espátula, de modo que la superficie
parece esculpida. La composición se ha interpretado durante mucho tiempo como
una alegoría de la vida tras la muerte de la esposa de Constable, Maria, en
1828. Constable había visitado Hadleigh, Essex, en 1814, y le había escrito a
Maria sobre su “melancólica grandeza”. El lienzo del mismo nombre expuesto en
1829 fue la primera pintura importante que mostró tras su tan esperada
aceptación como miembro de la Royal Academy y la pintura tuvo una buena acogida
en general. Iba acompañado de versos del poema de James Thomson de 1727 Las
estaciones, que incluía: “El desierto se alegra / Salvajemente, a través de
todos sus melancólicos límites / Rudas ruinas brillan”.
Staffa, Fingal’s Cave,
exhibido en 1832: Desde finales del siglo XVIII, la isla hebridiana de Staffa
había sido una de las maravillas naturales más famosas de la costa británica.
Los turistas buscaban sus gigantescas columnas de basalto y sus maravillosas
cuevas. Turner viajó allí a finales del verano de 1831 en busca de lugares
relacionados con la poesía de Sir Walter Scott, que ilustraría para una nueva
edición de las obras del poeta. Fue una experiencia sublime y embriagadora, el
vehículo perfecto para explorar la yuxtaposición entre la humanidad,
representada por el barco de vapor, y la permanencia y el poder de la
naturaleza. Más tarde escribió una carta recordando las condiciones que había
experimentado: “El sol, acercándose al horizonte, irrumpió a través de la nube
de lluvia, furioso”. Una carta dirigida al primer propietario del cuadro, el
abogado neoyorquino James Lenox, cuya adquisición de Staffa en 1845 lo
convirtió en el primer cuadro de Turner en llegar a Estados Unidos. Para ello
Turner contó con la ayuda de Charles Robert Leslie, amigo y biógrafo póstumo de
Constable. El propio Constable le escribió en una ocasión a Leslie: “¿Alguna
vez has visto un cuadro de Turner y no has deseado poseerlo?”.
Al cumplir sesenta años en 1835,
bien podría haberse apoyado en su posición económica y prestigio para cumplir
con las expectativas contemporáneas de que uno debía bajar el ritmo, pero
Turner no lo hizo. Persiguió incansablemente su visión con excepcional energía
y vigor durante los años siguientes. En 1836, Constable comentó sobre las
exposiciones de Turner en la R.A., que incluían Juliet and her Nurse [Julieta y su enfermera]: “Turner se ha
superado a sí mismo; parece pintar con vapor coloreado, tan evanescente y tan
etéreo”. Esta elocuente descripción de la obra de su colega llegó en un momento
en que la crítica periodística a Turner alcanzaba un nuevo nivel de ferocidad.
Por cada simpatizante, había un detractor furioso. Una crítica excepcionalmente
cáustica, inspiró al adolescente John Ruskin a escribirle a Turner,
ofreciéndole publicar una defensa, algo que Turner no consideró. De forma
controvertida, la pintura sitúa al personaje shakespeariano en Venecia, a
diferencia de Verona, el escenario de Romeo y Julieta. La Julieta de
Turner no solo ha viajado a Venecia, sino también, aparentemente, en el tiempo.
Sin embargo, Julieta y su asistenta cobró vida propia a medida que la
defensa que Ruskin hizo de ella se convirtió en el germen de su disertación de
cinco volúmenes sobre Turner, Pintores modernos (1843-1860). Poco Turner
sabía en 1836 que esta pintura y su joven admirador serían cruciales para su
reputación póstuma.
Al igual que La laguna cerca
de Venecia, al atardecer, Los tejados de Venecia con el Campanile de San
Marcos, esta célebre vista de Venecia al amanecer se realizó también en
1840, durante la última y más larga de las tres visitas de Turner a la “Ciudad
del Agua”. Basándose en la identificación de los rasgos del tejado entre las
marcas grises pálidas del primer plano, se ha deducido que Turner pintó esta
acuarela desde una habitación en lo alto del Hotel Europa (Palazzo Giustiniani),
donde se alojaba. El campanario se alza hacia el cielo a la izquierda y la
cúpula de San Giorgio se distingue entre la niebla del Bacino a la derecha. El
verdadero tema, sin embargo, es el brillo del sol matutino, plasmado en
pinceladas fundidas de acuarela amarilla, naranja y roja, aplicadas y dejadas
fundirse a la perfección.
En 1842, Turner realizó dos obras
extraordinarias que se han convertido en un símbolo de la energía, el
experimentalismo y la audacia de su obra tardía: el óleo Snow Storm –
Steam-Boat off a Harbour’s Mouth y la acuarela The Blue Rigi [El
Rigi Azul]. Estas obras, que muestran la inigualable variedad y destreza
técnica de Turner, señalan las continuidades y nuevas iniciativas que marcaron
los últimos quince años de su carrera. Ambas prolongan la exploración que el
artista realizó durante toda su vida sobre el poder de la naturaleza, ya sea su
fuerza aterradora o su imponente belleza. El Rigi Azul es una de las
acuarelas más célebres de Turner. Turner imaginó por primera vez la famosa
montaña en el lago de Lucerna, en Suiza, en 1802. A pesar de las guías
turísticas que lo entusiasmaban con las vistas panorámicas que se disfrutaban
desde su cima, Turner nunca ascendió al Rigi y, en cambio, estaba más
interesado en representar su distintiva y aislada mole bajo un conjunto de
cielos. Envuelta en niebla y recortada contra la fresca luz del amanecer, la
majestuosa montaña emerge aquí entre velos de aguadas transparentes y un
intrincado tapiz de efectos: la pintura ha sido difuminada para crear niebla,
mientras que los reflejos en el lago y el lucero matutino de Venus han sido
raspados, quizás con la uña que, según se dice, conservó durante mucho tiempo
para este propósito.
Snow Storm- Steam-Boat off a
Harbour’s Mouth making Signals in Shallow Water, and going by the Lead. The
Author was in this Storm on the Night the Ariel left Harwich [Tormenta de
nieve: un barco de vapor frente a la bocana de un puerto hacía señales en aguas
poco profundas y navegaba por el canal. El autor se encontraba en medio de esta
tormenta la noche en que el Ariel zarpó de Harwich], exhibido en 1842, es una
de las pinturas más audaces de Turner. En una batalla entre la maquinaria
moderna y la naturaleza, un barco de vapor se enfrenta a una ventisca, y sus
humos negros se unen al torbellino de nieve y mar. En una historia que recuerda
a la del pintor marino del siglo XVIII Claude-Joseph Vernet, Turner afirmó que
lo habían atado al mástil para poder observar la tormenta. Ni esto ni su
afirmación, en el título completo de la pintura, de que el barco era el
«Ariel», pueden probarse, pero Turner claramente quería que el espectador viera
esta escena vertiginosa como un registro auténtico.
Light and Colour (Goethe’s
Theory) – the Morning after the Deluge – Moses Writing the Book of Genesis
[Luz y color (la teoría de Goethe) – La mañana después del Diluvio – Moisés
escribiendo el libro del Génesis] y Shade and Darkness – the Evening of the
Deluge [Sombra y oscuridad – La tarde del diluvio], ambos exhibidos en 1843:
En 1840, Turner adoptó un nuevo formato: el lienzo cuadrado. La descripción, en
su momento, de este par de pinturas como “pinturas octogonales” hace pensar que
se exhibieron por primera vez con ventanas octogonales. Sea cual sea la forma
final que Turner les dio, estos lienzos cuadrados producen una intensa
experiencia visual. Vórtices enfáticos caracterizan a este par: por mucho que
nuestra vista busque descanso, sus remolinos de pintura atraen nuestra mirada
hacia su curso giratorio. La alusión del título a la Teoría de los Colores
de Goethe, de la cual Turner poseía la traducción de Eastlake, se refiere al
círculo donde dividía los colores en “más” y en “menos”: los primeros rojos,
amarillos y verdes, fueron asociados por Goethe con alegría, calidez y
felicidad. Los segundos, azules, azules verdosos y púrpuras los consideraba que
producían impresiones inquietas y ansiosas.
Quizás con la vista puesta en su
propio legado, al cumplir setenta años, en 1845 Turner preparaba una reedición
de Liber Studiorum. Probablemente fue entonces cuando el artista
concibió la idea de pintar el castillo de Norham y otros temas del Liber
de nuevo, reformulándolos para reflejar la evolución de su visión del paisaje.
Nunca sabremos qué pretendía hacer Turner con esta serie ni cuán inacabadas
estaban las obras. Norham Castle, Sunrise [Castillo de Norham, amanecer]
(c. 1845). Esta enigmática pintura representa uno de los temas favoritos de
Turner. Pertenece, al igual que Paisaje con puentes de Walton, a una
serie de luminosos lienzos de 1840 basados en
la serie de grabados que comenzó unos cuarenta
años antes, Liber Studiorum (1807-1819).
Las ruinas del castillo de Norham, construido como un lugar clave en la defensa
de Inglaterra contra los escoceses en el siglo XII, se asientan sobre el río Tweed, en el condado nororiental de Northumberland. Tras haber
visto el castillo por primera vez en 1797, a los veintidós años, Turner lo
representó en múltiples ocasiones, incluyendo una acuarela de c. 1822-1823 para
la serie de grabados Ríos de Inglaterra y su lámina anterior para su Liber.
Cada vez que lo representaba, se centraba en algo nuevo: un estado de ánimo, un
ángulo o un incidente en primer plano diferente. La escena se reduce a la
esencia del lugar, filtrada por la memoria y la imaginación de Turner. Su
deleite por los materiales es evidente: pintado con finas veladuras de color
que en algunos lugares se deslizan por el lienzo en riachuelos, el Castillo de Norham
parece fundirse con los rayos del sol. Este cuadro no se exhibió y pudo pasar,
como algunos otros, a manos de la compañera de Turner, la señora Sophia Booth,
y luego a su hijo, Daniel Pound (hijo de su primer marido). Su venta en la
década de 1860 demuestra que estas cautivadoras pinturas —en las que se
perciben plenamente el poder y la audacia de la visión tardía de Turner— fueron
valoradas (al menos por algunos) medio siglo antes de que su obra tardía fuera
plenamente apreciada.
Desde sus muertes en 1837
(Constable) y 1851 (Turner), el flujo y reflujo del gusto y la investigación
académica han amplificado diferentes aspectos de su obra, moldeando y
remodelando así su importancia. John Ruskin, autoproclamado defensor de las
críticas de Turner durante su vida, se volvió cada vez más influyente tras su
muerte, elogiando la obra temprana de Turner como su mejor obra y criticando la
posterior como inferior o evidenciando una enfermedad mental. Ruskin había
descrito a Constable como alguien que aprobaba la opacidad y los desaciertos
del modernismo, pero se impuso una perspectiva alternativa, más celebratoria,
que consideraba el éxito de El carro de heno en el Salón de París de
1824 como la base para que el artista, esencialmente inglés, se convirtiera en
el padre de la pintura paisajística francesa moderna. Turner se incorporó a
este linaje gracias a los propios Renoir, Monet y Pissarro, quienes firmaron
una carta en la que declaraban haber heredado la búsqueda de Turner por la luz
y el color. Al comenzar el siglo XX, Turner y Constable fueron proclamados
pintores modernos, celebrados no tanto por lo que pintaban, sino por cómo lo
hacían, estimulados por las exhibiciones de trabajos preparatorios inacabados,
del tipo que ninguno de los dos habría mostrado en público. Así fueron más
valorados los bocetos de Constable, donde parte de la crítica encontró al
verdadero artistas y Turner fue considerado el artista de la luz, el color y el
modernismo avant la lettre.
Hoy en día, estos artistas han
adoptado identidades divergentes en el imaginario popular: Turner, el pintor
aventurero de obras profundas y deslumbrantes; Constable, el pintor
«completamente inglés» de lugares que ahora conserva el National Trust en su nombre.
De esta manera, «Constable Country», como llegó a conocerse incluso en vida de
Constable, se ha tomado como una representación indirecta de Gran Bretaña, y
sus imágenes se han invocado como tales en protestas y cobertura sobre amenazas
ambientales. Turner deseaba asegurarse un legado destacado en la vida cultural
británica, como se expresa en el Legado Turner de obras que donó a la nación y
su deseo de tener una galería dedicada a su exhibición. Su nombre aún connota
innovación en la cultura contemporánea actual gracias al Premio Turner homónimo
y a la inauguración en 2011 de la Turner Contemporary de Margate, una galería
que acoge regularmente a artistas que dialogan con Turner en un lugar en el que
encontró mucha inspiración. El hecho de que la obra de ambos artistas siga
siendo re-imaginada y rehecha después de más de dos siglos, que aún pueda
causar problemas cuando los problemas son necesarios, es un testimonio de la
urgencia e imprevisibilidad de su arte. Un paralelo significativo de los
últimos años de ambos artistas fue su tendencia retrospectiva, ambos recordaron
su juventud, pintando paisajes a través del prisma de la memoria para crear
nuevas obras a partir de las antiguas.
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| Turner - Helvoetsluys |
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Constable, The Opening of Warterloo Bridge...
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Turner - Caligula's Palace
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Constable - Salisbury Cathedral
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| Constable - View Rectory |
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| Turner - Dolbadarn Castle |
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| Constable - A Boat Passing... |
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| Turner - The Bay of Baiae |
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| Turner- Ovid Banished... |
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| Turner - The Thames above... |
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| Constable - Chain Pier... |
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| Turner - Brighton from the Sea |
.jpg) |
| Turner - Goethe... |
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| Turner - The Rising... |
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| Turner - Fishermen at Sea |
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| Turner - Morning amongst... |
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| Turner - Snow Storm... |
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| Turner - St. Gothard |
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| Constable - Dedham Lock and Mill |
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| Constable - The White Horse |
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| Constable - The Wheatfield |
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| Constable - View on the Stour |
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| Constable - Sketch for Hadleigh Castle |
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| Constable - The Hay Wain |
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| Turner - Staffa |
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| Turner - Juliet and her Nurse |
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| Turner - The Lagoon near Venice |
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| Turner - The Rooftops of Venice |
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| Turner - Snow Storm... |
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Turner - The Blue Rigi
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| Turner - Diluvio... |
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| Turner - Norham Castle |