domingo, 31 de mayo de 2026

LA VISITACIÓN DE PONTORMO


 

El arte, la pintura en este caso, puede ser un hilo de Ariadna que nos guie para salir del laberinto político-televisivo de este momento, admirando esta espléndida pintura, obra capital del XVI: una recreación para los sentidos, que nos distancia del ruido que hay traspasando las paredes del museo.

Para una introducción a la obra de Pontormo sugiero la conferencia en el Prado de Ana González Mozo (muy fácil de acceder en la página web del museo) que pone esta obra en el contexto general del Renacimiento y más precisamente del Manierismo.

Aunque en la obra de Pontormo vemos en el encuentro de María e Isabel y es donde nos detendremos, en los ciclos narrativos (seguimos a Louis Réau), el episodio de la Visitación está divido en cinco cuadros que comportan numerosas escenas: el Viaje, el Encuentro, el Canto del Magnificat, el Nacimiento de san Juan Bautista y el Retorno seguido de los Reproches de José.

Siguiendo la iconografía de este tema, la Visitación es la visita que la Virgen, embarazada de Cristo (Virgo praegnans), hace en secreto a Hebrón, a su prima mayor, Isabel, embarazada de san Juan Bautista, el Precursor (Johanne impregnata), para comprobar con este embarazo milagroso la verdad del mensaje del ángel Anunciador.

La fuente de este tema es un pasaje del Evangelio de Lucas (1: 39-56): “En aquellos días partió María apresuradamente a las montañas, a una ciudad de Judá. Y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Y sucedió que al oír Isabel la salutación de María, la criatura dio saltos en su vientre (exultavit infans in útero ejus) e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo […] gritó: Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre” (benedictus est fructus ventris tui).

¿Cuánto tiempo permaneció María en casa de su prima? Las estimaciones oscilan entre varios días y varios meses. De acuerdo con una tradición bizantina recogida en las Homilías del monje Santiago, la Virgen habría esperado hasta el nacimiento de Juan Bautista y asistido al parto de Isabel.

Algunos estudiosos han visto a la Virgen e Isabel como símbolo de la Iglesia de la Sinagoga que se ofrecen las manos. Los teólogos han visto una prefiguración de la Visitación en este versículo de los Salmos (85:11): “Se han encontrado la piedad y la fidelidad, se han dado el abrazo la justicia y la paz”.

Entre otras curiosidades, en la Edad Media, los aserradores celebraban la Visitación porque la actitud de la Virgen y de Isabel, inclinadas cada una hacia la otra, les evocaba el gesto de dos leñadores inclinándose simétricamente para aserrar el tronco de un árbol. Asimismo aunque el pasaje del Evangelio nos dice que el encuentro sucede dentro de la casa de Zacarías, a través de los siglos la escena se ha situado tanto en el interior como en el exterior.

Jacopo Carucci, conocido como Il Pontormo (1494-1556) en referencia al topónimo del pueblo donde nació, cerca de Florencia, es la figura más inquieta del manierismo toscano, cuanto mayor era la dificultad con la que se enfrentaba mayor su logro y su descontento según nos cuenta Vasari. Siguiendo a Giulio Carlo Argan, destruía lo hecho el día anterior y volvía a empezar, en una operación mental en comunicación directa con Leonardo y su concepto de arte.

Asimismo, como buen seguidor de Miguel Ángel, toda su pintura (y su vida personal) se ve cruzada por una tormentosa búsqueda de un valor ideal de la pintura en sí misma, un valor ideal que Pontormo desarrolla desde su propio proceso sin tomarlo prestado de la naturaleza o de la historia.

Pontormo trata de superar al mismo tiempo los límites de la pintura y de la escultura, con esas figuras tan contundentes, acentuadas por la amplitud de los vestidos y las telas ondulantes que le otorga un cierto relieve pictórico en lid con la escultura.  Las figuras forman planos paralelos y ascendentes coordinados por líneas oblicuas. Un movimiento que puede empezar por los pies (casi bailarines) que otorga a las figuras un ímpetu envolvente. El pathos no se localiza en los gestos y en las expresiones de las figuras, sino que se manifiesta en su deliberada inconsistencia, en su paso del carácter concreto de la forma a la abstracción de la imagen, en su fuga y su disolución en el instante mismo en el que, con tanta evidencia, se presentan.

Semejante a un músico que no describe o representa sino que compone sobre un tema, para Pontormo el tema es un motivo de inspiración que transcurre en toda la composición y relaciona sus momentos a través de ecos a distancia, dándole esa andadura alegre que, en poesía o música, sería metro o tempo.

La vibrante paleta del cuadro, el mencionado relieve y la disposición de los pies, otorga un movimiento que Bill Viola, el videoartista, aprovechará para su obra The Gretting (1995) que significó la apertura de un nuevo territorio expresivo para él y que daría fruto cinco años más tarde con The Passions. Esta conexión también se podrá ver en una próxima conferencia en el Museo del Prado. Nosotros adelantamos el interés que siempre ha manifestado Viola por los maestros antiguos, pero no lo que pintaron, sino los pasos intermedios. Ahí radica su interés por ralentizar la acción, que también es ralentizar la mente ante la embestida de la información.

Sus imágenes migran desde la pintura hasta la fotografía y el vídeo, donde, nos dice, el tiempo es la esencia de su trabajo y con las nuevas tecnologías permiten ver el tiempo, devolver tiempo a la mirada. 



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