sábado, 24 de enero de 2026

TURNER & CONSTABLE

Dando un paseo por Londres, en media hora aproximadamente, podemos ir desde la Tate Britain hasta la Royal Academy en Burlington House, Picadilly: o bien a su antigua sede en el Strand, en Somerset House. Se trataría de trasladarnos en el tiempo, situarnos en el siglo XIX y sentirnos como esas personas que acudieron a la exposición anual en 1832 a la Royal Academy (R.A.) y oyeron decir a Constable, que Turner había estado allí y había disparado un cañón.   

Nos referimos a la famosa anécdota recogida en numerosa bibliografía, cuando Turner exponía Helvoetsluys y Constable The Opening of Waterloo Bridge. El cuadro de Turner es una marina de oleaje fuerte y viento impetuoso, el de Constable hace referencia a la inauguración del puente donde se puede apreciar e humo de la salva de un cañón. El tamaño del cuadro de Constable, es más o menos el doble que el de Turner, éste, durante los días de barnizado (varnishing days), aprovechó para pintar una boya roja que anteriormente no estaba, de ahí la expresión del disparo de Constable al verlo de nuevo modificado. Es una mancha roja que atrae toda la atención de alrededor.

Estos dos cuadros se pudieron ver en la exposición que se hizo en el Museo del Prado en verano del 2020. La exposición se tituló Turner y los maestros con cuarenta cuadros de Turner, algunos de los cuales están en ésta exposición londinense que se organiza para conmemorar el 250 aniversario de los nacimientos de J.M.W. Turner y John Constable, nacidos en 1775 y 1776, respectivamente. Si bien se han comparado a menudo, tanto en su época como en la actualidad, esta es la primera gran exposición que analiza conjuntamente a los dos paisajistas que fueron contemporáneos, colegas y rivales y ambos fueron objeto de críticas por las innovaciones que aportaron a la pintura de paisajes.

Sus reputaciones póstumas han sido muy semejantes, pero durante la mayor parte de su vida, Constable se sintió eclipsado por Turner. Turner, un londinense de clase obrera, despegó rápidamente, mientras que Constable, nacido en una familia adinerada y refinada de Suffolk, conoció el éxito mucho más tarde. Al considerar sus contribuciones, cabe recordar que Turner sobrevivió a Constable catorce años, extendiéndose su carrera hasta la época victoriana.

La costumbre de Turner de viajar incansablemente por Europa impulsó su obra. Constable realizó obras en lo que se conoce como "Constable Country" que incluiría el distrito de los Lagos, Dorset, Londres y Sussex, un área de aproximadamente dos kilómetros cuadrados a orillas del río Stour, en la frontera entre Suffolk y Essex. La intensa y persistente atención de Constable a su paisaje nativo catalizó su innovadora e incansable búsqueda de una representación naturalista del paisaje, mientras que Turner adoptó un enfoque mucho más estilizado para sus temas, geográfica e históricamente extensos, de dramatismo, amplificación y máximo impacto.

En la Tate, se custodia el Legado Turner, un notable conjunto de casi 300 óleos y alrededor de 37.000 bocetos y acuarelas que el artista dejó a la nación y que se conserva en la Galería Clore de la Tate Britain. En menor medida, lo mismo puede decirse de Constable, cuya obra, gracias al legado de su hija Isabel en 1888, se conserva en mayor número en el Victoria & Albert Museum (V&A).

“Fuego y agua”, así resumió un crítico una combinación de obras de J.M.W. Turner y John Constable en la Exposición de Verano de la R.A. de 1831. Las obras eran Caligula’s Palace and Bridge [Palacio de Calígula] y Salisbury Cathedral from the Meadows [Catedral de Salisbury desde la Pradera] respectivamente, una pareja que dio lugar a una comparación más directa y sostenida de la obra de los dos pintores que nunca se había visto, aunque la prensa ya los había comparado en 1819. Esta yuxtaposición de pinturas contribuyó a la idea evolutiva de los dos pintores como opuestos y provocaron una oleada de comparaciones metafóricas entre lo caliente y lo frío. Estas pinturas siguen su estilo: Turner nos ofrece el calor y la bruma del sol italiano, mientras que Constable, fiel a sus estudios de nubes, evoca un complejo paisaje y parece visualizar el cliché de las cuatro estaciones en un solo día del clima británico. Turner combina algunos de sus temas favoritos en el Palacio de Calígula —una mezcla de historia clásica y mito, arquitectura y la arrogancia del hombre— y lo baña en su color favorito, el amarillo cromo. Cada pintor subrayó la importancia emotiva de su obra añadiendo poesía a su entrada en el catálogo de la exposición de la R.A. Constable citó Seasons [Estaciones] del poeta del siglo XVIII James Thomson (también una de las favoritas de Turner) y Turner sus propios versos.

La historia del arte enfrenta rivalidades: Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, Reynolds y Gainsborough, Manet y Degas, Picasso y Matisse... la lista continúa. En el caso de Turner y Constable, hay material para tejer una rivalidad entre hombres que eran polos opuestos en todo, salvo en su elección de profesión. Tomemos como ejemplo sus circunstancias domésticas. Constable fue padre de siete hijos y se hizo cargo de ellos tras la pérdida de su esposa María, a los cuarenta y un años, en 1828. Turner fue padre de dos hijas pero no era el hombre de familia que era Constable, nunca se casó con la madre, Sarah Danby, y no parece haber jugado un papel importante en la vida de sus hijas.

Si bien hay poca evidencia que respalde de que a Turner no le gustaba mucho Constable, en cambio hay mucha evidencia —en parte debido a la relativa abundancia de su correspondencia— de la frustración de Constable ante el dominio de Turner. Ciertamente provenían de mundos diferentes. Turner era un chico de ciudad, nacido en 1775 y criado en la barbería de su padre en Covent Garden, el corazón palpitante del Londres comercial. Constable nació un año después en la campiña de Anglia Oriental donde el patrimonio empresarial de su padre le permitió vivir en una casa elegante. Identificado como una estrella en ascenso, los paisajes de Turner le dieron fama con gran rapidez. Constable tardó más en alcanzar los mismos hitos profesionales. Cuando apenas comenzaba sus estudios en la Royal Academy Schools, Turner contaba con el respaldo de artistas de renombre y fue elegido miembro asociado de este importante organismo profesional. A los veintisiete años y con una lista de encargos que apenas podía seguir, Turner se convirtió en académico de pleno derecho, un título que se le escapó a Constable —quien vendió mucho menos obra que Turner— hasta los cincuenta y tres. Hoy, unos 250 años después de su nacimiento, hay quienes consideran que sus obras son tan diferentes que se originaron en épocas completamente distintas; de hecho, a muchos les sorprende que nacieran con solo un año de diferencia.

La formación académica de ambos se centró en el dibujo al natural, una habilidad necesaria para producir lo que la Academia más apreciaba: grandes pinturas históricas figurativas con narrativas moralmente edificantes. Sin embargo, en lo que respecta al mercado del arte, el paisajismo era el tema de moda. El paisaje reflejaba la guerra, la colonización, la urbanización, la industrialización y la agitación política, cambios que literalmente moldearon el mundo en el que vivieron Turner y Constable. Si bien la Academia ofrecía matrícula gratuita, no había becas para materiales ni gastos de manutención. Turner pronto vendió sus acuarelas y le proporcionó una economía rentable. Constable tuvo ayuda de su padre, aunque la necesidad de ganar dinero le impulsaba a realizar retratos, antes que le fuera rentable la pintura de paisajes.  

Las vías fluviales británicas se consideraban lugares de productividad y mejora, la innovación de Constable consistió en reafirmar su narrativa sobre el Stour, que nadie antes que él las había representado a tan gran escala ni las había plasmado con un estilo tan audaz que valorara la articulación de la atmósfera: la brisa, la frescura y la delicadeza de la luz. Constable aplicó un rigor sin precedentes y una obsesión casi absoluta que dio como resultado algunos de los ejemplos más célebres de paisaje en el arte británico.

Turner poseía dos ventajas importantes sobre Constable: primero, geográfica, ya que los londinenses tenían más probabilidades de asistir a la R.A., y segundo, el apoyo paterno. Los padres de Constable lo instaron repetidamente a conformarse con un puesto en el negocio familiar. Incluso diez años después de que su hijo se mudara a Londres para dedicarse al arte, eran incapaces de ver cómo el camino que había elegido le permitiría vivir una vida respetable y caballerosa (dado lo poco que ganaba). El más sincero deseo de su padre, le escribió su madre, “es que... ganes dinero”. Al final, fue la muerte de su padre en 1816 la que le proporcionó una base financiera más sólida y le permitió casarse con Maria Bicknell tras un noviazgo de siete años.

Cada artista dejó un importante rastro documental que ha moldeado la forma en que los analizamos a ellos y a su obra. Los cuadernos de bocetos de Turner reflejan su compulsión por el dibujo durante toda su vida. Unos trescientos, cuidadosamente etiquetados y conservados por el artista, son almacenes privados de la memoria que registran sus viajes en gira y su interés por temas que abarcan desde la química hasta la ópera. Otros documentos incluyen manuscritos de conferencias que impartió como profesor de Perspectiva de la Royal Academy y fragmentos de poesía, denominados colectivamente The Falacies of Hope [Las Falacias de la Esperanza]. Aun así, Turner sigue siendo un enigma mayor que Constable. Él también dejó apuntes de conferencias, sobre pintura de paisajes, y, a diferencia de la serie de grabados Liber Studiorum de Turner, puramente basada en imágenes, escribió un texto para su English Landscape [Paisaje Inglés] alejado de explicaciones pomposas. Podemos acercarnos a Constable —su amor por la vida familiar, sus ansiedades, su política y su perverso sentido del humor— a través del vasto corpus epistolar que se conserva. Aunque en apariencia era privado, escribir cartas era una actividad social, y Constable habría sido consciente de que su pluma contribuía tanto como su pincel a su personalidad.

Los trabajos que Turner realizó en su adolescencia —como ayudante de delineante arquitectónico y copista de acuarelas de paisajes— lo expusieron a una amplia gama del arte topográfico. Las acuarelas que realizó durante su adolescencia y principios de sus veinte años le permiten capturar el carácter de los lugares a través de dibujos detallados, composiciones novedosas y atmósferas vibrantes. Su propensión a la experimentación y su fascinación por la luz también comenzaron en esta época, como se aprecia en A Transparency: A Moss-Covered cottage and Shed, with a Man Smoking and a Lantern (and verso) (1794-5) una transparencia, como indica su título, para ser iluminada desde atrás.

La acuarela es una parte vital de la historia de Turner, desde el momento en que recibió un juego de acuarelas de niño, este medio se convirtió en un elemento clave de su práctica artística. Sus primeras acuarelas expuestas fueron las obras que alertaron a la crítica sobre su excepcional talento y las referencias a la "magia" de sus acuarelas de madurez eran frecuentes. Turner aplicaba el color prismáticamente, superponiendo diferentes combinaciones de colores primarios (rojo, amarillo y azul) para crear los colores secundarios: naranja, morado y verde, reflejando la constante investigación de Turner sobre el color y la luz, para lo cual podría haberse inspirado en las teorías del físico escocés Sir David Brewster (1781-1868), a quien Turner conoció durante un viaje a Edimburgo en 1818.

Constable empezó a usar óleos al aire libre en 1802, sin embargo fue alrededor de 1808 cuando Constable parece haberse dedicado a esta práctica en serio. Al pintar al aire libre, Constable usaba vejigas de cerdo llenas de óleos prefabricados (un desarrollo relativamente reciente en materiales para artistas) y una silla plegable para mayor comodidad (en la exposición). Muchos de los bocetos presentados en esta muestra destacan por su vibrante colorido y sus efectos atmosféricos que reflejan el esfuerzo de Constable por capturar diferentes momentos del día, como View toward the Rectory, East Bergholt [Vista hacia la rectoría, East Bergholt ] (1810).

Turner y Constable forjaron sus carreras en un mundo artístico dominado por el entusiasmo por los Antiguos Maestros europeos. Fundamental para su práctica fue el estudio tanto de los antecedentes continentales como de los pioneros del paisaje británico, quienes a su vez se habían inspirado en los Antiguos Maestros. En esta segunda categoría se encontraban Thomas Gainsborough (1727-1788), nacido en Suffolk, cuyas escenas de bosques de inspiración holandesa siempre estuvieron presentes en la mente de Constable, y el galés Richard Wilson (1714-1782), cuya aplicación de un filtro claudiano al paisaje británico inspiró tanto a Turner como a Constable. La perdurable apreciación de Constable por la tradición paisajística holandesa comenzó incluso antes de mudarse a Londres para dedicarse profesionalmente al arte. Admiraba los grabados de las representaciones de molinos de viento de Jacob van Ruisdael.

Era costumbre que los nuevos miembros de la R.A. donaran una obra representativa de su talento a su colección. Estas se conocían como Diploma Works [Obras de diploma]. Las pinturas presentadas por Turner y Constable, aunque reflejan diferentes etapas de su vida, señalan algunas de las diferencias más profundas en su visión del paisaje. Dolbadern Castle, North Wales [El Castillo de Dolbadern, norte de Gales], de Turner, expuesto en 1800, fue pintado en una época en la que el artista se alineaba hábilmente con un elenco estelar de predecesores artísticos. Su ambientación galesa era un guiño al pionero del paisaje británico Richard Wilson (1713-1782), quien había desatado el potencial artístico de su Gales natal. El “salvaje” italiano Salvator Rosa (1615-1673) había proporcionado un modelo para las características originales del paisaje descrito como sublime: montañas vertiginosas y rocosas, oscuridad y presagios. La silueta de la torre del castillo contra la zona más luminosa del cielo fue un recurso tomado de una composición muy venerada del maestro holandés Rembrandt van Rijn (1606-1669), El Molino. Turner insertó en el catálogo los siguientes versos, posiblemente escritos por él:

 

“How awful is the silence of the waste,

Where nature lifts her mountains to the sky,

Majestic solitude, behold the tower

Where hopeless OWEN, long imprion’d, pined

And wrung his hands for liberty, in vain”. 

 

Terrible es el silencio del yermo / donde la naturaleza eleva sus montañas hasta el cielo, / augusta soledad: ved ahí la torre / donde Owen tanto tiempo languideció sin esperanza, / y retorciéndose las manos clamó en vano por la libertad.

El Owen nombrado es Owain Goch ap Gruffydd, que vivió más de veinte años encerrado en ese castillo solitario en castigo por haberse sumado a una rebelión contra su hermano Llewellyn, el último príncipe de Gales. Los versos del catálogo pretendían reforzar un mensaje que Turner intentaba comunicar ante todo por medio visuales, su meta era maximizar las posibilidades expresivas del paisaje. Además aprovechó la tendencia más amplia en las artes literarias y visuales que idealizaba la lucha de Gales por la libertad, este tema también sonó cierto para algunos en la década de 1790, cuando el gobierno británico, temeroso de que la revolución se extendiera desde Francia, intentó frenar la propagación de ideas radicales y protestar con las llamadas Leyes Mordaza. La ambición y la fuerza atmosférica del Castillo de Dolbadern se basan, por lo tanto, en lo que se convertiría en un proyecto de toda la vida para Turner: la simbiosis entre pintura y poesía.

La pintura que eligió Constable para representarlo en la colección de la R.A., A Boat Passing a Lock (1826) [Un barco pasando una esclusa], era una variación horizontal de un lienzo más grande que había expuesto en 1824 y que define profundamente su identidad como artista donde los ríos, un elemento clave de la iconografía tanto de Turner como de Constable, eran un elemento básico de la cultura del paisaje topográfico, y sus cauces eran el vehículo perfecto para explorar las cualidades históricas, culturales, contemporáneas y estéticas de cualquier lugar. Sin embargo, para Constable era crucial el principio general de los diálogos armoniosos entre las personas, la naturaleza y Dios.

Cada uno desarrolló formas distintivas e innovadoras de aplicar la pintura y usar el color, creando pinturas nunca antes vistas, arriesgando las ventas y la reputación. Si bien la crítica les importaba relativamente, ninguno de los dos artistas se complacía demasiado con el gusto del público (liberados, como estaban, por una relativa libertad financiera). Mostraron su genio con desenfreno, forjando visiones y nombres distintivos en la historia del arte británico en el proceso. Su misión principal era la misma: crear pinturas sumamente emotivas y originales, basadas en el estudio de la naturaleza. El objetivo de Constable era la autenticidad a través de una réplica minuciosa de las formas de la naturaleza, de ahí surgió su uso de verdes intensos y su manejo radical de la pintura, que lo llevó a rechazar cada vez más las superficies lisas y pulidas. Constable quería que sus espectadores apreciaran cómo había usado su medio para evocar las texturas de la naturaleza, su atmósfera y la calidad de la luz.

Tanto Turner como Constable retrataron Salisbury y su paisaje circundante, un lugar de gran importancia histórica, religiosa y política. Aunque Turner llegara primero en 1795, para Constable, Salisbury adquiriría especial importancia por ser el hogar de su mejor amigo. Conceptualmente, la Catedral de Salisbury y el Palacio de Calígula tienen mucho en común. Al referirse al pasado —en el caso de Turner, a la arrogancia del emperador romano Calígula, y en el de Constable, a la longevidad del cristianismo en Gran Bretaña—, ambas pinturas hablan de un presente dominado por la incertidumbre y al borde de un gran cambio. El panorama político de 1831, cuando se exhibieron estas pinturas, estaba en plena transformación: la revolución recorría Europa y la presión por una reforma política en Gran Bretaña aumentaba. La Catedral de Salisbury constituye la metáfora de la Iglesia bajo una nube utilizada para describir la amenaza que la reforma representaba para la autoridad política de la Iglesia Anglicana; por lo tanto, es en parte una protesta emotiva de un artista anglicano, políticamente conservador y preocupado por las amenazas al statu quo.

En La Catedral de Salisbury desde la pradera se aparta de los precedentes en cuanto a formato, composición y ejecución pictórica. Trabaja entre extremos de distancia y proximidad, entre detalle y amplitud, para crear una representación sumamente novedosa de Salisbury. Constable utiliza el curso de agua para unir la ciudad, la catedral y, en el extremo derecho, las colinas circundantes. De este modo, combina todos los elementos característicos de la topografía de Salisbury mediante una hábil manipulación del espacio: primero, comprimiendo el espacio lateral, acercando estos elementos, y luego, adelantando la catedral. Esto da lugar a una descripción inusualmente íntima y completa del paisaje de Salisbury, que enfatiza la perspectiva personal de Constable: para él, Salisbury era un microcosmos de la sociedad ideal, en la que la ciudad, el campo, la iglesia y Dios estaban estrechamente alineados y funcionaban en simbiótica armonía. Se exhibió entre dos hitos importantes de la reforma política: la Ley de Emancipación Católica de 1829, que aumentó los derechos civiles de los católicos en Gran Bretaña, y la Ley de Representación del Pueblo de 1832.

Las historias del mundo antiguo, tanto míticas como históricas, le fascinaban a Turner. Los paisajes clásicos ofrecían un terreno fértil para la experimentación y la interpretación: Turner tenía cuarenta y cuatro años cuando finalmente visitó Italia en 1819. Solo entonces pudo experimentar de primera mano la luz y el paisaje que habían inspirado a tantos artistas antes que él. Tras sus viajes por Italia, bañó sus pinturas de luz y color, y sus paisajes clásicos de esta época poseen una cualidad sobrenatural, como si intentaran capturar la maravilla de Italia y sus antigüedades. En The Bay of Baiae, with Apollo and the Sibyl [Bahía de Baias, con Apolo y la Sibila], expuesta en 1823, el azul intenso del cielo contrasta con el amarillo y el naranja de los edificios y el paisaje, lo que le da a la pintura un tono casi onírico. Bahía de Baias narra la historia de la Sibila de Cumas, extraída de las Metamorfosis de Ovidio, quien le pidió al dios Apolo que viviera mientras hubiera granos de arena en su palma. Expuesta con los versos “Llévame a las soleadas costas de Baias”, tomados de la “Oda a Calíope” de Horacio, la obra narra las melancólicas reminiscencias de Turner de su estancia en Italia.

En su segunda visita a Italia, en 1828, Turner centró su atención en Roma, estableciendo allí un estudio y exponiendo sus obras. Roma, como símbolo de los ciclos históricos y del auge y caída de los imperios, serviría de inspiración frecuente para las últimas obras de Turner. Ancient Italy: Ovid banished from Rome [Antigua Italia:  Ovidio desterrado de Roma], expuesta en 1838, se centraba en el exilio de Ovidio de Roma a la isla de Tomis, actual Constanza, en Rumanía. Aunque los historiadores han debatido la causa exacta del destierro del poeta, Turner probablemente lo relacionaba con la poesía provocativa de Ovidio que iba contra las leyes morales (Leges Iuliae) impuestas por emperador Augusto tras las guerras civiles. El amarillo intenso de la composición y la imponente arquitectura clásica, fundiéndose con el sol poniente, crean un aura de decadencia, equiparando la negación del talento artístico con el inevitable fin del imperio. La obra vista a través de una deslumbrante neblina amarilla ofrece una visión fantástica de Roma que enmarca el oro blanco del sol poniente. Los monumentos de la ciudad se disponen en una configuración imposible: justo a la izquierda del sol se encuentra el Arco de Constantino, con el monte Aventino alzándose tras él, la agrupación de figuras a la izquierda, tras el caos de lo que podrían ser las pertenencias saqueadas de Ovidio, parece indicar su arresto. A la derecha, dos hombres empujan una barca con un recinto similar a una jaula. Se han hecho diversas sugerencias sobre su significado colectivo; la Italia antigua podría representar el peligro que corren las artes cuando se destierra la libertad creativa simbolizada por Ovidio.

Constable era un hombre cuyos movimientos estaban impulsados ​​por la practicidad. Viajaba de un lugar a otro por motivos personales: a Dorset o Salisbury cuando visitaba a su amigo John Fisher; a Brighton cuando la enfermedad de su esposa le impedía respirar aire fresco; y, por supuesto, iba y venía entre su hogar de la infancia en Suffolk y su base profesional en Londres, hizo de ser lo que él llamaba un artista "casero" una virtud. Durante la década de 1820, mientras Constable se labraba un nombre como cronista del río Stour, Turner exploraba activamente las grandes vías fluviales de Europa: visitaba el Sena, el Rin y sus afluentes. Durante la década de 1830, visitó los Alpes, y para la de 1840 fueron Venecia, Suiza y Alemania los que despertaron su imaginación.

A diferencia de Constable, quien nunca viajó al extranjero, Turner fue uno de los artistas más viajados de su generación. De modo que, ya en 1791 y hasta 1845, se convirtió en su costumbre emprender un viaje de investigación al menos una vez durante su año laboral. El momento de la partida solía ser a finales del verano o principios del otoño, una vez finalizada la temporada de exposiciones. Los hábitos itinerantes de Turner explican en gran medida la considerable cantidad de cuadernos de bocetos que utilizó durante su vida (casi trescientos, en comparación con los cuarenta y cinco que usaba el más sedentario Constable). Durante sus viajes, dibujaba con mayor prolificidad, llenando página tras página con registros rápidos de paisajes desconocidos, a veces en acuarela (con un juego casero de pinturas portátiles), pero con mayor frecuencia en grafito. En conjunto, los cuadernos de bocetos fueron una herramienta esencial para la recopilación y el filtrado de datos y dan testimonio de su amplia curiosidad intelectual. Las etiquetas geográficas que Turner dio a sus cuadernos de bocetos y la visualización casi continua de sus viajes han ayudado a secuenciar la historia de su vida, dondequiera que iba, estaba atento tanto al paisaje como a la vida que allí se encontraba: las historias pasadas y presentes de un lugar y la complejidad de la relación del hombre con la naturaleza.

Siguiendo con lo anterior, la contaminación del aire era un poderoso símbolo (del trabajo y la ansiedad, las glorias del imperio o el éxito comercial), pero no un problema medioambiental. Sin embargo, para la década de 1830, cuando Turner pintó The Thames above Waterloo Bridge (1830-35) [El Támesis sobre el puente de Waterloo (n.º 160), la contaminación urbana por humo se reconoció como una preocupación creciente para la sociedad. De hecho, a principios del siglo XIX existía poca comprensión de la contaminación ambiental a largo plazo, y solo una concepción muy teórica del potencial de la actividad humana para afectar el clima. No fue hasta después de la muerte de Turner que John Ruskin, uno de los primeros ambientalistas con un temor creciente a la industrialización, planteó por primera vez la idea de que las obras de Turner podrían ofrecer una demostración, o un presagio, de los efectos destructivos de la humanidad sobre el medio ambiente.

Como vimos anteriormente, el estatus de Constable con valores familiares arraigados en el orden social tradicional y lealtad a la Iglesia y al Rey, le facilitó la posibilidad de entablar relaciones con personas que impulsarían su carrera. Su entrada en el mundo artístico londinense se vio facilitada en última instancia por esta red de Suffolk. Elizabeth Cobbold (1767-1824), reconocida escritora local y paleontóloga pionera, fue una figura central en la escena cultural de la región, recibiendo con frecuencia a artistas, poetas y científicos en su casa de Ipswich. Durante su estancia con los Cobbold en 1799, Constable conoció a la escritora, filántropa y cuáquera Priscilla Wakefield (1750-1832). Impresionada por él, Wakefield escribió una carta de presentación para Constable al destacado académico Joseph Farington, quien posteriormente le facilitó el ingreso en las escuelas de la R.A. Asimismo, la madre de Constable, Ann, recurrió a su amistad con Lady Rachel Beaumont, cuyo hijo, Sir George Beaumont, era un entusiasta pintor aficionado y un influyente mecenas de las artes. A través de Beaumont, Constable tuvo la oportunidad de estudiar una extensa colección de arte privada que contenía la obra de numerosos paisajistas influyentes, entre ellos Claude Lorrain (1604/5?-1682), Richard Wilson (1714-1782) y el acuarelista y amigo de Turner, Thomas Girtin (1775-1802).

Al fallecer el padre de Constable, la familia vendió East Bergholt House. Tras el matrimonio de Constable en 1816, su familia y su vida artística se asentaron en Londres, y los largos veranos en Suffolk dedicados a los estudios de campo se volvieron imposibles de sostener. Sin embargo, mantuvo una estrecha relación con sus amigos de Anglia Oriental y llevaba a su joven familia de viaje a visitar a sus parientes del campo. Fue en este contexto que el compromiso artístico de Constable con la zona encontró su expresión más contundente: la serie de "six-footers" [pinturas de seis pies] realizadas entre 1819 y 1825, que inmortalizaron el paisaje como "Constable Country". El término apareció por primera vez en 1832, durante la vida del artista, y desde entonces se ha convertido en sinónimo de la zona inmediatamente circundante a Flatford. Si bien Constable pintó lugares que le gustaban, sabía que la clave para consolidar su estatus residía en demostrar versatilidad, de ahí que afrontara Chain Pier, Brighton (1827) [Muelle de cadena, Brighton]. El antiguo pueblo pesquero se transformó por el turismo de salud, ya que los convalecientes seguían los nuevos consejos sobre los beneficios de los baños de mar, y aún más por su asociación con el rey Jorge IV, amante del placer y plagado de escándalos. Fue la ciudad más de moda y de más rápido crecimiento de Gran Bretaña. Constable pasó varios veranos en Brighton con la esperanza de que la brisa marina mejorara la salud de su esposa María. La familia llegó para su primera estancia en mayo de 1824, justo a tiempo para la tan esperada botadura del vapor Rapid, que cruzaría el Canal de la Mancha desde el recién construido muelle de cadena, que, junto con las hileras de nuevas casas, hoteles y el Royal Pavilion con cúpula de cebolla, llegó a simbolizar el auge de Brighton. Si bien Constable destaca la identidad tradicional de Brighton como pueblo pesquero, amplificando la atmósfera ventosa del mar y el cielo, y plasmando la escena en los tonos fríos de la tradición marinera holandesa. Quizás esperaba que la pintura fuera del agrado del coleccionista e inversor del muelle, Lord Egremont, quien había visitado su estudio en Brighton. Sin embargo, al final, Egremont le encargó a Turner el trabajo quien le dio al Chain Pier su mejor interpretación de una tranquila puesta de sol en tonos miel Brighton from the Sea (1829-30) [Brighton desde el mar].

Constable realizó docenas de bocetos al óleo de nubes y cielos a lo largo de su carrera. Los más famosos fueron pintados en Hampstead Heath entre 1820 y 1823. Construyó un archivo completo de formas de nubes —una especie de "historia natural... de los cielos", como él mismo lo expresó. Cada uno de los estudios tiene su propia personalidad y la repetición no resulta monotemática, sino que ofrece una gradual sintonía con la diferencia y la variedad. Siguiendo con este tema, Constable escribió que el cielo es la "nota clave", el estándar de la escala y el principal “órgano del sentimiento". Con “sentimiento”, se refiere no solo a una respuesta emocional, sino también al conocimiento obtenido a través de la experiencia física y los sentidos así las imágenes que surgen de los estudios de nubes se complementan con inscripciones en el reverso, que registran la hora y el día de su creación, el clima en el momento de su creación y (a veces) el clima posterior.

La nomenclatura que utilizamos actualmente para las nubes (cúmulos, cirros, estratos y nimbos) fue propuesta en 1802 por el químico Luke Howard, como parte de su constante búsqueda del estudio y la enumeración del clima británico. Howard, un ávido dibujante, incluyó en su ensayo sobre las nubes un conjunto de imágenes de estas nuevas formas nubosas para ayudar a otros meteorólogos en sus esfuerzos por interpretar el cielo. Las clasificaciones de nubes de Howard se han considerado a menudo una fuente clave para los estudios de nubes de Constable.

Un paisajista hábil era aquel que no solo representaba la naturaleza, sino que también capturaba la experiencia sensorial de estar en ella. En cierto sentido, las obras de Constable son un reverso de las representaciones de Turner de barcos de vapor y paisajes urbanos industriales, que generalmente permanecen fuera de encuadre en las obras de Constable. A través de sus texturas y pinceladas ásperas, los elementos naturales se animan, se hacen tangibles, confrontan al espectador con un exceso de presencia material que activa la obra. Al exhibir facturas flagrantes y dejar pinceladas visibles en la superficie, Constable —y también Turner— buscaron trascender el destino bidimensional de la pintura, otorgando una tangibilidad que, a su vez, dotó a sus paisajes de densidad y solidez, tanto literales como simbólicas.

El gran interés de Turner por el color y los efectos de iluminación inusuales es evidente ya en sus primeras obras. Desde muy joven, adoptó nuevos materiales de forma temprana. Los retratos de Sir Joshua Reynolds, algunos de los cuales perdieron el color debido a los tonos de piel o desarrollaron grietas deformantes poco después de su muerte en 1792, ejemplificaron los riesgos de no ceñirse a materiales y procesos de eficacia probada. Reynolds se había preocupado más por el impacto inmediato de una pintura que por su longevidad, y Turner mantuvo la misma actitud durante toda su vida. Tanto Turner como Constable nacieron a principios de la Revolución Industrial, durante la cual se inventaron nuevos colores para artistas. Constable era más cauto en la selección de materiales, como lo fue en vida en general, pero también experimentó con varios de los nuevos y emocionantes colores, en su mayoría después de Turner.

Turner pronto desarrollaría formas de representar en color lo que dibujaba en sus viajes. A lo largo de su vida, ampliaría su gama de pigmentos de color, desde los tradicionales hasta nuevos productos, como un pigmento sintético de color naranja brillante que consiguió en su adolescencia y que emplearía durante toda su vida tanto en acuarela como en óleo. El uso de una gama de colores amplia y no tradicional en sus acuarelas, al igual que en sus óleos, le dio una ventaja competitiva e inspiró a otros artistas a hacer lo mismo: John Ruskin (1819-1900) seguiría su ejemplo durante su vida, y en la década de 1850 también lo hicieron John Frederick Lewis (1804-1876) y Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) y su círculo.

Los amarillos brillantes y opacos también atrajeron a Constable otorgando a su obra lo que se ha venido calificando como "brillo perpetuamente sentimentalizado". En 1811 comenzó a usar amarillo cromo, y para 1820 ya lo mezclaba con azul de Prusia para crear una serie de verdes brillantes con pequeños reflejos en paisajes soleados. Los azules que utilizó incluyeron el ultramar en todas las épocas de su vida, además del azul cobalto después de aproximadamente 1820. A lo largo de su vida, Constable mezcló verdes con pigmentos azules y marrones para los más apagados, y azul y amarillo para los más brillantes, obteniendo una amplia gama de tonos que se complementaba con mezclas de negro y amarillo brillante. Esto se aplica tanto al óleo como a la acuarela, y también a las primeras acuarelas de paisajes ingleses de Turner. El uso universal que Constable hacía de mezclas de los mismos azules y amarillos puros en otras partes del lienzo mantenía la armonía, de modo que el rojo y el azul brillantes utilizados para las prendas que vestían figuras relativamente pequeñas dentro de los paisajes más grandes resaltaban con fuerza. Si bien la técnica de Constable cosechó numerosas críticas, su uso del color eludió las críticas frecuentes dirigidas contra Turner por su falta de armonía. A partir de la década de 1830, Turner dio rienda suelta a su apetito por el color intenso y brillante, con la intensidad de obras como Luz y color (Teoría de Goethe), expuesta en 1845, proveniente de extensiones de amarillo cromo y el recién inventado verde esmeralda o el verde viridiana de tonos más azulados, utilizados en lugar de verdes mixtos.

Recientemente redescubierta después de 160 años The Rising Squall, Hot Wells, from St Vincent’s Rock, Bristol (1793) [La borrasca creciente, Hot Wells desde St Vincent’s Rock, Bristol] es la primera pintura al óleo de Turner expuesta. Completada cuando tenía tan solo diecisiete años, nos ofrece una nueva perspectiva de su importantísimo dominio de la pintura al óleo, un paso necesario para cualquier pintor que aspire a ser miembro de la R.A. La borrasca creciente se asemeja mucho a la obra del artista francés emigrado Philippe Jacques de Loutherbourg, cuyas pinturas abundaban en efectos dramáticos y figuras dinámicas, y aunque era criticado por eso, gozaba de la estima del público por el efecto sublime que provocaba y era a quien había que vencer en la exposición.

Como vimos anteriormente, en la década de 1790, Turner realizó una serie de acuarelas diseñadas para ser iluminadas desde atrás. Turner no fue el único paisajista que experimentó de esta manera. Su antecesor, Thomas Gainsborough, pintaba óleos sobre vidrio y creó una vitrina (showbox) para exhibirlos, mientras que de Loutherbourg, cuyo estudio Turner visitaba con frecuencia, produjo innovaciones como el Eidophusikon, una espectacular experiencia teatral tridimensional que utilizaba efectos de luz para animar el paisaje.

Con Fishermen at Sea [Pescadores en el mar], exhibido en 1796 Turner impulsa la moda de las escenas nocturnas, demostrando su conocimiento del antiguo maestro holandés Rembrandt en su hábil representación de la luz de la lámpara y la luna. El tema también le sirvió para demostrar que dominaba por completo la pintura al óleo, en concreto la técnica de trabajar de la oscuridad a la luz y los dramáticos contrastes que se pueden lograr en este medio.

Por primera vez en 1798, los expositores de la R.A. pudieron añadir fragmentos de poesía a las entradas de sus pinturas en el catálogo de la exposición. En Morning amongst the Coniston Fells, Cumberland [Amanecer entre Coniston Fells, Cumberland] Turner añadió versos del Paraíso Perdido de Milton. Tanto los títulos de sus imágenes y las citas incluidas en los catálogos de la R.A. proporcionan un marco o una orientación para que la comprensión comience a afianzarse a medida que se contempla la imagen. Pero los títulos y la iconografía no agotan el significado de una imagen: el significado está plasmado en la textura de la pintura, la disposición de las formas, la articulación del espacio, la orquestación del color y las estructuras de la superficie pintada.

Sobre las relaciones pintura y poesía en Turner nos hemos ocupado en Poética Picasso (Huega & Fierro, 2023. Es también fuente bibliográfica para este artículo, junto con la web de la Tate Britain referido a esta exposición y el catálogo de la misma), donde abordamos específicamente los cuadros y las acuarelas de Turner que se acompañan con poemas. Extractos de su colección poética Falacies of Hope acompañarían desde 1812 a muchas de las pinturas de Turner, aunque el texto nunca se completó ni se publicó. En Snow Storm: Hannibal and his Army crossing the Alps anexó versos a una de sus pinturas exhibidas y aquí Turner alude a ‘M.S. P. Fallacies of Hope’ como la fuente de la poesía. Era la primera vez que citaba lo que finalmente se convirtió en un título manuscrito famoso y en ocasiones ridiculizado. Hasta 1850, el último año que Turner expuso, la misma fuente se encontraba a menudo debajo de muchos de los versículos que Turner adjuntó a los títulos de sus pinturas.

The Passage of Mount St Gothard from the centre of Teufels Broch (Devil’s Bridge) [El paso del Monte San Gotardo desde el centro del Puente del Diablo], 1804. Cuando ésta y otras acuarelas alpinas, derivadas de la reveladora gira por Italia de Turner en 1802, se exhibieron en una exposición en 1819, muchos visitantes las consideraron el punto culminante de la muestra. Solo por su escala, esta acuarela es increíblemente ambiciosa: las acuarelas no se hacían habitualmente a una escala tan grande, pero hacerlo fue una respuesta a quienes consideraban que el medio era incompatible con el arte intelectual. Turner aborda aquí lo sublime, la representación de la naturaleza en su forma más emocionante, una experiencia vicaria del peligro, la grandiosidad y el horror como espectacular entretenimiento visual. Su escala subraya esto —el dramatismo se amplía—, pero también facilita la apreciación de la gama de trucos técnicos de Turner, desde la eliminación de la pintura húmeda para crear la niebla hasta el raspado para revelar el blanco del papel, formando riachuelos que fluyen por la ladera de la montaña. La composición posee una sorprendente simplicidad, realzada por el contraste vertical de colores cálidos y fríos, una yuxtaposición que se convertiría en una de las formas favoritas de Turner de utilizar el color (como también se ve, por ejemplo, en la acuarela del castillo de Norham).

Snow Storm: Hannibal and his Army Crossing the Alps, [Tormenta de nieve: Aníbal y su ejército cruzando los Alpes]. Turner desafió las convenciones al insistir en que esta obra estuviera colgada a la altura de los ojos cuando se exhibió por primera vez en la exposición de la R.A. de 1812. Las pinturas grandes solían colgarse en alto, sobre todo si eran obras de académicos. Turner había amenazado con retirar todas sus propuestas ese año si sus colegas no respetaban sus deseos. Sin duda, parte del concepto de Turner para esta pintura era que los espectadores se sintieran inmersos en ella, contemplando el valle como si nosotros también estuviéramos en las montañas, cerca del caos. El impacto de la obra está en el vórtice compositivo que amenaza con arrastrarnos al remolino levantado por la tormenta con la figura de Aníbal que se supone lejana a lomos de un elefante. Aquí la tendencia de los argumentos de Turner es clara; la naturaleza debe ser el último atractivo del arte; pero el color natural era, para él, también un lenguaje de sentimiento. Esta fue una actitud de gran importancia para las imágenes de Historia de Turner de las siguientes décadas.

Lo campos se convirtieron en el estudio de Constable donde transitar hacia la verdad que buscaba en su obra. En su exposición de 1815, se destacó su luz solar brillante, su frescura aunque aún consideraban su acabado algo tosco. Otra innovación sentó las bases para el proceso idiosincrásico de los paisajes de «seis pies» de Constable. Dedham Lock and Mill [Esclusa y molino de Dedham] se basa en un boceto de tamaño equivalente, probablemente realizado al aire libre. Este cambio, aparentemente sencillo, en su proceso se convirtió en parte integral de la realización de sus pintorescas obras de “seis pies”, con The White Horse [El Caballo Blanco] de 1819, demostró la gran ambición de Constable y aceleró su renombre. Ese mismo año, Constable alquiló una casa en Hampstead, con la esperanza de que el aire más limpio aliviara la tuberculosis de su esposa, María. La mudanza dio origen a otro hábito sin precedentes: el "skying" (como él lo llamaba y que podemos traducir como “encielar”), realizando rápidos bocetos al óleo del cielo de Hampstead, esas nubes de las que hemos hablado más arriba.

The Wheatfield [El campo de trigo] (1816): Con el valle del Stour como telón de fondo, Constable retrata un reluciente campo de trigo atendido por hombres cosechando (sus cabezas y brazos se vislumbran por encima del trigo en el plano medio), mientras varias mujeres y un niño recogen las espigas sobrantes. Cuando Constable expuso esta pintura por segunda vez, en 1817, añadió a su entrada en el catálogo de la exposición versos de un popular poema del poeta contemporáneo Robert Bloomfield, The Farmer’s Boy [El muchacho del granjero] (1800): “¡Ningún rastrillo se lleva aquí lo que el cielo a todos concede / Hijos de la necesidad, para vosotros fluye la abundancia!”. Esta referencia subraya la visión idealista de Constable de la cosecha como una época de abundancia sin complicaciones. Sin embargo, Constable era plenamente consciente de que la vida en el campo no era tan pródiga ni tan idílica como aparece en el cuadro.

La exposición anual de la R.A., precursora de la actual Feria de Verano, fue el punto de encuentro de los tambores de las artes escénicas y la creación y producción de obras de arte. La exposición se convirtió en un escaparate para artistas emergentes, cuyo reto era encontrar maneras de que sus obras destacaran entre la multitud. Frecuentemente controvertidas, pero siempre innovadoras, las obras de Turner rara vez dejaban de dar que hablar. Sin embargo, en la década de 1810, Constable luchaba por hacerse notar. La retroalimentación de que sus pinturas no llamaban la atención condujo a un desarrollo importante: la creación de pinturas de gran formato conocidas como "seis pies". Ampliar la escala dio sus frutos y con El caballo blanco (1819), la primera obra de seis pies marca un punto de inflexión en su carrera y lo llevó a ser elegido Miembro Asociado de la R.A.

Cuando Constable comenzó a pintar sus cuadros de “seis pies”, él y Maria vivían con sus hijos pequeños en una casa alquilada en Keppel Street, Bloomsbury. Aunque Constable tenía un cuarto de pintura allí, el espacio era un problema y, al parecer, cada vez que uno de sus lienzos de 1,83 metros tenía que salir del edificio, era necesario quitar una ventana. En 1821, la familia alquiló una casa en Hampstead, pero Constable consideró que el pequeño cobertizo en el jardín era demasiado pequeño para el tamaño de los cuadros que quería pintar, por lo que alquiló una habitación en una cristalería de Londres. Fue allí donde trabajó en View on the Stour near Dedham [Vista del Stour cerca de Dedham]. En 1824, esta obra se exhibió junto con El carro de heno en el Salón de París, y Constable recibió allí la codiciada medalla de oro.

El boceto para el Castillo de Hadleigh (1828-29) es célebre por la energía palpable de su superficie. Vigorosas pinceladas y remolinos caracterizan el cielo; en otras partes, la pintura se aplica con una gruesa capa con espátula, de modo que la superficie parece esculpida. La composición se ha interpretado durante mucho tiempo como una alegoría de la vida tras la muerte de la esposa de Constable, Maria, en 1828. Constable había visitado Hadleigh, Essex, en 1814, y le había escrito a Maria sobre su “melancólica grandeza”. El lienzo del mismo nombre expuesto en 1829 fue la primera pintura importante que mostró tras su tan esperada aceptación como miembro de la Royal Academy y la pintura tuvo una buena acogida en general. Iba acompañado de versos del poema de James Thomson de 1727 Las estaciones, que incluía: “El desierto se alegra / Salvajemente, a través de todos sus melancólicos límites / Rudas ruinas brillan”.

Staffa, Fingal’s Cave, exhibido en 1832: Desde finales del siglo XVIII, la isla hebridiana de Staffa había sido una de las maravillas naturales más famosas de la costa británica. Los turistas buscaban sus gigantescas columnas de basalto y sus maravillosas cuevas. Turner viajó allí a finales del verano de 1831 en busca de lugares relacionados con la poesía de Sir Walter Scott, que ilustraría para una nueva edición de las obras del poeta. Fue una experiencia sublime y embriagadora, el vehículo perfecto para explorar la yuxtaposición entre la humanidad, representada por el barco de vapor, y la permanencia y el poder de la naturaleza. Más tarde escribió una carta recordando las condiciones que había experimentado: “El sol, acercándose al horizonte, irrumpió a través de la nube de lluvia, furioso”. Una carta dirigida al primer propietario del cuadro, el abogado neoyorquino James Lenox, cuya adquisición de Staffa en 1845 lo convirtió en el primer cuadro de Turner en llegar a Estados Unidos. Para ello Turner contó con la ayuda de Charles Robert Leslie, amigo y biógrafo póstumo de Constable. El propio Constable le escribió en una ocasión a Leslie: “¿Alguna vez has visto un cuadro de Turner y no has deseado poseerlo?”.

Al cumplir sesenta años en 1835, bien podría haberse apoyado en su posición económica y prestigio para cumplir con las expectativas contemporáneas de que uno debía bajar el ritmo, pero Turner no lo hizo. Persiguió incansablemente su visión con excepcional energía y vigor durante los años siguientes. En 1836, Constable comentó sobre las exposiciones de Turner en la R.A., que incluían Juliet and her Nurse  [Julieta y su enfermera]: “Turner se ha superado a sí mismo; parece pintar con vapor coloreado, tan evanescente y tan etéreo”. Esta elocuente descripción de la obra de su colega llegó en un momento en que la crítica periodística a Turner alcanzaba un nuevo nivel de ferocidad. Por cada simpatizante, había un detractor furioso. Una crítica excepcionalmente cáustica, inspiró al adolescente John Ruskin a escribirle a Turner, ofreciéndole publicar una defensa, algo que Turner no consideró. De forma controvertida, la pintura sitúa al personaje shakespeariano en Venecia, a diferencia de Verona, el escenario de Romeo y Julieta. La Julieta de Turner no solo ha viajado a Venecia, sino también, aparentemente, en el tiempo. Sin embargo, Julieta y su asistenta cobró vida propia a medida que la defensa que Ruskin hizo de ella se convirtió en el germen de su disertación de cinco volúmenes sobre Turner, Pintores modernos (1843-1860). Poco Turner sabía en 1836 que esta pintura y su joven admirador serían cruciales para su reputación póstuma.

Al igual que La laguna cerca de Venecia, al atardecer, Los tejados de Venecia con el Campanile de San Marcos, esta célebre vista de Venecia al amanecer se realizó también en 1840, durante la última y más larga de las tres visitas de Turner a la “Ciudad del Agua”. Basándose en la identificación de los rasgos del tejado entre las marcas grises pálidas del primer plano, se ha deducido que Turner pintó esta acuarela desde una habitación en lo alto del Hotel Europa (Palazzo Giustiniani), donde se alojaba. El campanario se alza hacia el cielo a la izquierda y la cúpula de San Giorgio se distingue entre la niebla del Bacino a la derecha. El verdadero tema, sin embargo, es el brillo del sol matutino, plasmado en pinceladas fundidas de acuarela amarilla, naranja y roja, aplicadas y dejadas fundirse a la perfección.

En 1842, Turner realizó dos obras extraordinarias que se han convertido en un símbolo de la energía, el experimentalismo y la audacia de su obra tardía: el óleo Snow Storm – Steam-Boat off a Harbour’s Mouth y la acuarela The Blue Rigi [El Rigi Azul]. Estas obras, que muestran la inigualable variedad y destreza técnica de Turner, señalan las continuidades y nuevas iniciativas que marcaron los últimos quince años de su carrera. Ambas prolongan la exploración que el artista realizó durante toda su vida sobre el poder de la naturaleza, ya sea su fuerza aterradora o su imponente belleza. El Rigi Azul es una de las acuarelas más célebres de Turner. Turner imaginó por primera vez la famosa montaña en el lago de Lucerna, en Suiza, en 1802. A pesar de las guías turísticas que lo entusiasmaban con las vistas panorámicas que se disfrutaban desde su cima, Turner nunca ascendió al Rigi y, en cambio, estaba más interesado en representar su distintiva y aislada mole bajo un conjunto de cielos. Envuelta en niebla y recortada contra la fresca luz del amanecer, la majestuosa montaña emerge aquí entre velos de aguadas transparentes y un intrincado tapiz de efectos: la pintura ha sido difuminada para crear niebla, mientras que los reflejos en el lago y el lucero matutino de Venus han sido raspados, quizás con la uña que, según se dice, conservó durante mucho tiempo para este propósito.

Snow Storm- Steam-Boat off a Harbour’s Mouth making Signals in Shallow Water, and going by the Lead. The Author was in this Storm on the Night the Ariel left Harwich [Tormenta de nieve: un barco de vapor frente a la bocana de un puerto hacía señales en aguas poco profundas y navegaba por el canal. El autor se encontraba en medio de esta tormenta la noche en que el Ariel zarpó de Harwich], exhibido en 1842, es una de las pinturas más audaces de Turner. En una batalla entre la maquinaria moderna y la naturaleza, un barco de vapor se enfrenta a una ventisca, y sus humos negros se unen al torbellino de nieve y mar. En una historia que recuerda a la del pintor marino del siglo XVIII Claude-Joseph Vernet, Turner afirmó que lo habían atado al mástil para poder observar la tormenta. Ni esto ni su afirmación, en el título completo de la pintura, de que el barco era el «Ariel», pueden probarse, pero Turner claramente quería que el espectador viera esta escena vertiginosa como un registro auténtico.

Light and Colour (Goethe’s Theory) – the Morning after the Deluge – Moses Writing the Book of Genesis [Luz y color (la teoría de Goethe) – La mañana después del Diluvio – Moisés escribiendo el libro del Génesis] y Shade and Darkness – the Evening of the Deluge [Sombra y oscuridad – La tarde del diluvio], ambos exhibidos en 1843: En 1840, Turner adoptó un nuevo formato: el lienzo cuadrado. La descripción, en su momento, de este par de pinturas como “pinturas octogonales” hace pensar que se exhibieron por primera vez con ventanas octogonales. Sea cual sea la forma final que Turner les dio, estos lienzos cuadrados producen una intensa experiencia visual. Vórtices enfáticos caracterizan a este par: por mucho que nuestra vista busque descanso, sus remolinos de pintura atraen nuestra mirada hacia su curso giratorio. La alusión del título a la Teoría de los Colores de Goethe, de la cual Turner poseía la traducción de Eastlake, se refiere al círculo donde dividía los colores en “más” y en “menos”: los primeros rojos, amarillos y verdes, fueron asociados por Goethe con alegría, calidez y felicidad. Los segundos, azules, azules verdosos y púrpuras los consideraba que producían impresiones inquietas y ansiosas.

Quizás con la vista puesta en su propio legado, al cumplir setenta años, en 1845 Turner preparaba una reedición de Liber Studiorum. Probablemente fue entonces cuando el artista concibió la idea de pintar el castillo de Norham y otros temas del Liber de nuevo, reformulándolos para reflejar la evolución de su visión del paisaje. Nunca sabremos qué pretendía hacer Turner con esta serie ni cuán inacabadas estaban las obras. Norham Castle, Sunrise [Castillo de Norham, amanecer] (c. 1845). Esta enigmática pintura representa uno de los temas favoritos de Turner. Pertenece, al igual que Paisaje con puentes de Walton, a una serie de luminosos lienzos de 1840 basados ​​en la serie de grabados que comenzó unos cuarenta años antes, Liber Studiorum (1807-1819). Las ruinas del castillo de Norham, construido como un lugar clave en la defensa de Inglaterra contra los escoceses en el siglo XII, se asientan sobre el río Tweed, en el condado nororiental de Northumberland. Tras haber visto el castillo por primera vez en 1797, a los veintidós años, Turner lo representó en múltiples ocasiones, incluyendo una acuarela de c. 1822-1823 para la serie de grabados Ríos de Inglaterra y su lámina anterior para su Liber. Cada vez que lo representaba, se centraba en algo nuevo: un estado de ánimo, un ángulo o un incidente en primer plano diferente. La escena se reduce a la esencia del lugar, filtrada por la memoria y la imaginación de Turner. Su deleite por los materiales es evidente: pintado con finas veladuras de color que en algunos lugares se deslizan por el lienzo en riachuelos, el Castillo de Norham parece fundirse con los rayos del sol. Este cuadro no se exhibió y pudo pasar, como algunos otros, a manos de la compañera de Turner, la señora Sophia Booth, y luego a su hijo, Daniel Pound (hijo de su primer marido). Su venta en la década de 1860 demuestra que estas cautivadoras pinturas —en las que se perciben plenamente el poder y la audacia de la visión tardía de Turner— fueron valoradas (al menos por algunos) medio siglo antes de que su obra tardía fuera plenamente apreciada.

Desde sus muertes en 1837 (Constable) y 1851 (Turner), el flujo y reflujo del gusto y la investigación académica han amplificado diferentes aspectos de su obra, moldeando y remodelando así su importancia. John Ruskin, autoproclamado defensor de las críticas de Turner durante su vida, se volvió cada vez más influyente tras su muerte, elogiando la obra temprana de Turner como su mejor obra y criticando la posterior como inferior o evidenciando una enfermedad mental. Ruskin había descrito a Constable como alguien que aprobaba la opacidad y los desaciertos del modernismo, pero se impuso una perspectiva alternativa, más celebratoria, que consideraba el éxito de El carro de heno en el Salón de París de 1824 como la base para que el artista, esencialmente inglés, se convirtiera en el padre de la pintura paisajística francesa moderna. Turner se incorporó a este linaje gracias a los propios Renoir, Monet y Pissarro, quienes firmaron una carta en la que declaraban haber heredado la búsqueda de Turner por la luz y el color. Al comenzar el siglo XX, Turner y Constable fueron proclamados pintores modernos, celebrados no tanto por lo que pintaban, sino por cómo lo hacían, estimulados por las exhibiciones de trabajos preparatorios inacabados, del tipo que ninguno de los dos habría mostrado en público. Así fueron más valorados los bocetos de Constable, donde parte de la crítica encontró al verdadero artistas y Turner fue considerado el artista de la luz, el color y el modernismo avant la lettre.

Hoy en día, estos artistas han adoptado identidades divergentes en el imaginario popular: Turner, el pintor aventurero de obras profundas y deslumbrantes; Constable, el pintor «completamente inglés» de lugares que ahora conserva el National Trust en su nombre. De esta manera, «Constable Country», como llegó a conocerse incluso en vida de Constable, se ha tomado como una representación indirecta de Gran Bretaña, y sus imágenes se han invocado como tales en protestas y cobertura sobre amenazas ambientales. Turner deseaba asegurarse un legado destacado en la vida cultural británica, como se expresa en el Legado Turner de obras que donó a la nación y su deseo de tener una galería dedicada a su exhibición. Su nombre aún connota innovación en la cultura contemporánea actual gracias al Premio Turner homónimo y a la inauguración en 2011 de la Turner Contemporary de Margate, una galería que acoge regularmente a artistas que dialogan con Turner en un lugar en el que encontró mucha inspiración. El hecho de que la obra de ambos artistas siga siendo re-imaginada y rehecha después de más de dos siglos, que aún pueda causar problemas cuando los problemas son necesarios, es un testimonio de la urgencia e imprevisibilidad de su arte. Un paralelo significativo de los últimos años de ambos artistas fue su tendencia retrospectiva, ambos recordaron su juventud, pintando paisajes a través del prisma de la memoria para crear nuevas obras a partir de las antiguas.

Turner - Helvoetsluys

Constable, The Opening of Warterloo Bridge...


Turner - Caligula's Palace

Constable - Salisbury Cathedral

Constable - View Rectory

Turner - Dolbadarn Castle

Constable - A Boat Passing...

Turner - The Bay of Baiae

Turner- Ovid Banished...

Turner - The Thames above...

Constable - Chain Pier...

Turner - Brighton from the Sea

Turner - Goethe...

Turner - The Rising...

Turner - Fishermen at Sea

Turner - Morning amongst...

Turner - Snow Storm...

Turner - St. Gothard

Constable - Dedham Lock and Mill

Constable - The White Horse

Constable - The Wheatfield

Constable - View on the Stour

Constable - Sketch for Hadleigh Castle

Constable - The Hay Wain

Turner - Staffa

Turner - Juliet and her Nurse

Turner - The Lagoon near Venice

Turner - The Rooftops of Venice

Turner - Snow Storm...

Turner - The Blue Rigi

Turner - Diluvio...

Turner - Norham Castle


 

domingo, 22 de junio de 2025

VED VERONESE

 




Élisabeth-Sophie Chéron, célebre artista del XVII, poeta, pintora e instrumentista de laúd y clave, le reprochaba a Veronese una falta de decoro al incluir un perro en el cuadro titulado la Familia de Darío ante Alejandro (1565-1567), a su parecer nada tenía que hacer allí el can.  Nos lo dice en verso (en el catálogo de la exposición de Veronese en el Museo del Prado): “Hay aquí un gran sujeto, / Pero se van los ojos a otro objeto. / Vemos a una gran familia, / Padre, madre, hijo e hija. / Un niño juega con su perro, / Y he aquí un gran yerro / En esta divina pintura, / que exige nuestra censura”.  Chéron, como Charles Perrault y parte de la crítica francesa, acusaban a Veronese de que no se atuviera a las convenciones y que de alguna forma mintiera en la composición. Todo ello con vistas a establecer la superioridad de Charles Le Brun y que el rey adquiera los cuadros de éste y no los del veneciano.

Paolo Veronese mintió antes que a los franceses, al Tribunal de la Inquisición que le sugirió cambiar unas figuras del todo indecorosas, según ese tribunal, en una Santa Cena (una de tantas cenas que pintó). No las quitó y con tal de mantener esa virtud del esplendor veneciano, cambió el título del cuadro que pasó a llamarse La cena en casa de Leví (1573).

Veronese mentía y un manto rojo suyo nunca es totalmente rojo y no siempre esa sensación de rojo la provoca el pigmento, sino los estratos de pintura y tipos de pincelada que disponía sobre el lienzo, según nos dice Ana González Mozo en el catálogo de la exposición. Este hábito de utilizar el lienzo como si fuera un elemento más de la pintura, involucrándolo en la construcción de la imagen, tuvo una especial importancia en nuestro pintor. Siguiendo a esta doctora y restauradora, esas superficies rugosas pero de aspecto mullido apelan al sentido del tacto. De tal manera que todo es ficticio, pero a través de su gesto y de la cualidad de la materia puesta en escena nos hace creer que lo que cuenta es real.

Así que podrá haber mentido a cierta crítica francesa o al Santo Oficio, pero no a Rubens, Tiepolo, Watteau o Delacroix que vieron resuelta en Veronese la antinomia entre la unidad tonal y la luminosidad de los colores, consiguiendo mantener al mismo tiempo la armonía del conjunto y la saturación de colores. De esta forma, nos dice Michel Nochmann, en el catálogo de la muestra, las sombras no son totalmente negras gracias a los reflejos, lo que conecta su obra con los impresionistas y con Cézanne, que más de trescientos años después de la creación de las Bodas de Caná (se lo llevaron las tropas napoleónicas), esperaba hallar el secreto de esa luz a plein air.

Además, con las transiciones suaves entre pigmentos (se ha demostrado que sí empleaba las veladuras, aunque no tan delicadas como las de Gentile Bellini) y la rugosidad de la tela, la luz se difunde provocando un desenfoque en esas transiciones y hace también que los colores más saturados se atemperen. Daniele Barbaro, mecenas y cliente de Veronese lo describía así: “hacer los contornos de una manera suave y difuminada, para que se entienda lo que no se ve, o más bien que el ojo crea ver lo que no ve, que es una separación dulcísima, una delicadeza en el horizonte de nuestra visión, que es y no es”.

No me resisto a poner el original en italiano (en el catálogo, pg. 137) que a mi modo de entender tiene mayor gratia y que me recuerda las conversaciones con el gran pintor contemporáneo, admirador de lo veneciano, Carlos León: “Fare i contorni di modo dolci, et sfumati, che ancho s’intenda quel che non si vede, anzi che l’occhio pensi di vedere, quello ch’egli non vede, che è un fuggir dolcissimo, una tenerezza nel’orizonte della vista nostra, che è, et non é”.

martes, 20 de febrero de 2024

ANA MENDIETA - EN BÚSQUEDA DEL ORIGEN


 Ana Mendieta (La Habana, 1948 – Nueva York, 1985). Desde su llegada a EE UU en la operación Peter Pan, su ansia vital coincide con su ansia artística y con buscar sus ancestros culturales, su origen, una artista prolífica que enlazaba idea tras idea, obra tras obra. Es una muestra que nos revela sus investigaciones sobre los mitos antiguos y el arte rupestre, recoge diecisiete años de trabajo, un corpus artístico potente, que maneja un lenguaje muy reconocible, que propone un diálogo entre su cuerpo y la naturaleza combinando, entre otros, body art con land art. Se reúnen unas cien obras de la artista del periodo (1968-1985) e incluye una docena de ellas que se presentan por primera vez, entre ellas cuatro pinturas y algunas fotografías recién descubiertas.

 Ana Mendieta es conocida por sus primeras piezas escénicas, esculturas de cuerpos terrestres y objetos escultóricos permanentes producidos entre 1972 y 1985. Para establecer su voz artística, Mendienta trabajó al aire libre desafiando lugares y situaciones inusuales, usó su cuerpo o una parte del mismo para crear un conjunto extenso de trabajo que fue ejecutado en la naturaleza, de carácter performativo, basado fundamentalmente en fuentes tan diversas como la autobiografía, los mitos transculturales, la religión católica, la arqueología y la vida cotidiana. Exploró las fronteras cambiantes de varios géneros emergentes: performance, arte corporal y la instalación, estableciendo una nueva relación entre paisaje y cuerpo, ritual, identidad y biografía. Sus obras al aire libre están tan integradas en la naturaleza que, a veces, es difícil encontrar la escultura, parecen camufladas, emboscadas, desprendiendo una energía de difícil racionalización.

La recuperación de su obra ha sido un largo proceso del que habla Numa Hambursin (director general de MO.CO. Montpellier), en el catálogo de la exposición:  primero por sus compañeras de la galería A.I.R. Gallery, el tesón de su hermana Raquelín y su sobrina Raquel Cecilia, la galerista Mary Sabbatino junto al esfuerzo de otras admiradoras, recuperaron el material que hoy podemos ver y otras piezas más, que revelan esa incesante búsqueda de lo universal artístico que desean los artistas.

En 1985 se casa con el artista Carl Andre, exponen un libro de litografías en colaboración, Duetto Pietre Foglie, en la Galería AAM de Roma. Mendieta fallece el 8 de septiembre de 1985. Andre pionero del minimalismo fue acusado en su día de haberla tirado por la ventana de su hogar situado en la planta número 34 de un edificio de Manhattan y fue absuelto tres años después por falta de pruebas. Este dato obtenido de la lectura en prensa no consta en absoluto en los textos del catálogo de la exposición ni en la exposición misma (hasta donde puedo recordar). La trayectoria de su vida que empieza por un exilio y termina de una manera trágica, nos ha hecho reflejarlo. “Where is Ana Mendieta?” fue un lema y símbolo de reivindicaciones feministas, un lema de otro inicio, de más inicios en esa lucha contra la violencia sistemática y machista y la invisibilización que sufría esta artista plena, las artistas, de la injusticia trágica. Las Siluetas de Ana Mendieta llevan el rastro fantasmal y la desgracia de un eco futuro, un espectro acompaña a esas Siluetas. Da miedo pensar la silueta de su huella: su arte, su obra como una macabra prefiguración iconográfica de su muerte.

Ana Mendieta comienza sus estudios en la Universidad de Iowa en 1967, en la Escuela de Arte e Historia del Arte. Cursa Introducción al arte primitivo mesoamericano cuyo programa abarca la época precolombina hasta el 1200 a.C. donde asienta las raíces de su búsqueda de su lenguaje artístico. Posteriormente en 1969, según recoge en el catálogo de la exposición Carla Guardiola Bravo, estudiará pintura y dibujo con una gran libertad por parte de los profesores. Si bien luego dejará de lado esta práctica, se conservan una treintena de pinturas que ella misma califica de inicio de una idea[1]. Estas piezas tienen el carácter expresionista alemán pero con colores saturados a la manera fauvista. Una expresividad del color que construye figuras rotundas de recuerdo primitivo en ocasiones. Ahí está el inicio de la idea que hablábamos más arriba, que se centra, de manera intuitiva casi, en la cultura primigenia precolombina. En 1981, realiza una serie de dibujos sobre papel con gouache y acrílico, que hacen referencia a esa cultura precolombina.

Los años de formación en la Universidad de Iowa fueron fundamentales para su desarrollo como artista. Durante la década de 1970, los estudiantes de arte de esa universidad tuvieron algunas de las direcciones artísticas más innovadoras del siglo XX, como la de Hans Breder, que llegó en 1966 para enseñar dibujo y tenía un enfoque particularmente innovador del arte. Breder y Mendieta mezclaron la relación profesional y la amorosa alentando el entusiasmo creativo por la performance, el arte conceptual y el trabajo multimedia. Breder también obtuvo financiación para programas relacionados con ese tipo de arte, el más importante de ellos fue el pionero Centro para Nuevas Artes Escénicas (CNPA), establecido en 1970. Financiado por una subvención de cinco años de la Fundación Rockefeller, ofreció a la comunidad universitaria un entorno cultural sin precedentes, integrando escritura creativa, danza, cine, las artes visuales, la música y el teatro.

Breder enfatizó las relaciones marginales y efímeras entre medios, que llegarían a ser muy importantes para el trabajo de Mendieta. Introdujo el tema del arte corporal en sus clases y a lo largo de los años 1970 utilizó el cuerpo como ejemplo de superficie objetiva y material que podía despojarse de referencia personal que fue esencial para la inspiración creativa de Mendieta en su estudio del arte y la cultura mexicanos.

A partir de la primavera de 1972 y hasta ese otoño, Mendieta realizó una serie de piezas en el en las que utilizó su cuerpo como material principal, ella documentó fielmente cada una de sus piezas, lo que explica el enorme tamaño de su archivo fotográfico. Si bien la mayoría de las fotografías no se imprimieron durante su vida, son fundamentales para comprender los materiales, los procesos y las cuestiones que involucraron su espíritu creativo.

Así: Facial Cosmetic Variations, de 1972 una serie de nueve fotografías de su rostro en primer plano donde cambia de apariencia distorsionando sus rasgos. Transformaciones del rostro para saberse “yo” desde cualquier otro pronombre. En consonancia con ésta, Untitled (Glass on Body Imprints) Mendieta presiona placas de vidrio contra su cuerpo desnudo, dándole una plasticidad desconocida. En estas primeras obras corporales se puede observar una influencia lejana de algunas de las ideas propuestas por Bruce Nauman en su serie Art Make-up (1967-68), donde se aplicaba con fuerza maquillaje como pintura (blanco, rosa, verde y negro) a su cabeza, cuello, hombros y parte superior del torso.

Untitled (Grass on Woman) (1972): antecedente de las Siluetas y de los “earth-body works”, es una serie fotográfica su cuerpo desnudo boca abajo, con un manto de césped cubriéndole la espalda en comunicación directa con la naturaleza, cuerpo como paisaje. Una “reafirmación de mis lazos con la tierra”[2].

Entre 1971 y 1981 realizó unas cien películas (en celuloide y vídeo), entre ellas Venus (1981), grabada en la playa de Key Biscayne, el agua fluye a través de la escultura de arena (Sandwoman), lavándola. Aunque no figuren en la exposición de León, hay que hacer referencia a Chicken Movie, Chicken Piece, de 1972 una performance donde la sangre de un pollo recién degollada salpica su cuerpo desnudo que se rodó en 35 mm. y super-8. Recoge influencias del accionismo vienés y rituales de la religión yoruba afrocubana. La sangre como elemento ritual aparece también en Blood and Feathers 2, Body Tracks, Blood Sign y Blood Writing de 1974. Chicken Piece, una obra ahora icónica de este primer período con una breve actuación en el estudio frente a sus compañeros con la artista sosteniendo un pollo decapitado y la sangre salpicándolos a todos. Al final de la pieza, que quedó plasmada en documentación fílmica y fotográfica, su cuerpo parecía una superficie similar a la de un lienzo de Pollock cubierto de salpicaduras y chorros de pintura.

Mendieta conoció a los accionistas vieneses a través de Breder, quien mostró a sus estudiantes algunas de las primeras actuaciones de Hermann Nitsch, Gunter Brus y Rudolf Schwarzkogler, artistas radicales que utilizaban sangre y animales en sus acciones. Aunque la actuación de Mendieta se basó en el ritual y el uso de un animal sacrificado, no exploró la retórica pornográfica, sadomasoquista o virulentamente anticatólica de la obra de Nitsch y Schwarzkogler.

Debemos tener en cuenta que, en algunos aspectos la muerte de un pollo no resultaba tan extraño para su público rural como podría parecernos hoy. Decapitar un pollo era una tarea doméstica cotidiana en las granjas de Iowa, y ella habría estado familiarizada con la matanza de pollos desde su infancia en La Habana. Esta acción es también la primera de muchas de sus obras en utilizar la sangre, un material que usaría literal o figurativamente, como un pigmento transitivo con el tiempo desde un color atrevido hasta un color terroso, y como una sustancia cargada de numerosos efectos biológicos y culturales asociaciones.

Su relación con México es fundamental para entender su obra, el sincretismo religioso y cultural, el catolicismo y la religión yoruba, la interacción del misterio y la historia. Así Untitled (Cuilapán Niche) de 1973, una acción realizada en la iglesia de Cuilapán (Oaxaca), en la que cubierta con una sábana blanca a modo de amplio velo se sitúa en diferentes lugares de la nave.

Imagen de Yágul, performance realizada en el yacimiento arqueológico donde se desarrolla la acción, México 1973, se puede considerar la primera de las Siluetas. Mendieta yace desnuda sobre una tumba prehispánica cubierta por un manto de flores blancas que simulan crecer de su cuerpo y que simbolizan un ciclo de vida, muerte y resurrección, un ciclo infinito, un proceso cósmico de eterno retorno (Octavio Paz). Mendieta utilizó su propio cuerpo, junto con materia elemental como sangre, fuego, tierra y agua, para crear performances viscerales y esculturas efímeras de "cuerpos terrestres" que combinan rituales con metáforas de vida, muerte, renacimiento y transformación espiritual. Inserta su cuerpo en un espacio de muerte y al mismo tiempo nos hace recordar ideas de fertilidad y feminidad, nos pide reflexionar sobre la inevitable desaparición del cuerpo y al mismo tiempo subraya el poder del cuerpo femenino para crear, sostener y nutrir la vida.

Géraldine Gourbe recoge también la entrevista citada del Village Voice e incide en que sus pinturas formaban un todo junto a sus esculturas y demás piezas, incluidas sus performances como una más de sus metamorfosis, retomando el título de Ovidio, así Untitled (Facial Cosmetic Variations), Untitled (Glas son Body Imprints), Untitled (Facial Hair Transplants), Untitled (Grass on Woman, Bird Transformation y Chicken Movie, Chicken Piece. En estas piezas se podría decir que todos los elementos de la naturaleza están conectados, como su obra vista globalmente, no se interrumpe, cada pieza mantiene sus conexiones, según Géraldine Gourbe: “Su singular uso de la sangre y de sustancias elementales como el fuego, el barro, la hierba, el hielo y el agua contribuyen a la construcción de un complejo sistema de correspondencias trascendentales”[3].

Las famosas obras de Ana Mendieta sobre el “cuerpo terrestre” de la década de 1970 fueron intervenciones escultóricas en el paisaje en las que colocaba su cuerpo –o su inquietante silueta– en una relación con la naturaleza se cubre con barro y adopta una figura femenina de pie con los brazos erguidos: Untitled: Silueta Series, Mexico  (1976) y Untitled: Silueta Series, Iowa, 1976–1978, 1976–78/1991.

En 1976 inicia la serie Árbol de la Vida, donde cubre su cuerpo con barro para camuflarse con la corteza de un árbol. Realizada cerca de Old Mans Creek en Iowa, lugar donde realizó numerosos trabajos con tierra y cuerpo, Mendieta se cubre con barro verdoso y tonos tierra colocándose delante de un árbol con los brazos levantados.

Branding Iron [Hierro de marcar] (1977), pieza de hierro fundido basada en su propia mano, que utilizaba para marcar a fuego la huella de su mano sobre la hierba.

Con Rape Scene (1973), enlaza con las obras de Chris Burden: Shoot (1971), Deadman (1972) o Trans-fixed (1974). Rape Scene es una performance, que no está en la exposición. Tras la violación de una joven en el campus de la Universidad de Iowa donde estudiaba, invitó a sus compañeros a acudir a su apartamento dejando la puerta entreabierta se la encontraron en el suelo presentando el modus operandi de un violador al mostrar su espalda desnuda y ensangrentada, como abandonada, dejando a sus compañeros de clase conmocionados. Influida por los accionistas vieneses, en especial por las mujeres del movimiento como Valie Export o Renate Bertlmann, el tratamiento sensible que Mendieta hace de la violación ofrece un paradigma para artistas contemporáneos como Sue Coe y Cindy Sherman, quienes posteriormente exploraron este tema en sus obras.

Ana Mendieta se comprometió con el movimiento feminista de la galería A.I.R. (Artists In Residence) de Nueva York, relacionándose con Harmony Hammond, Nancy Spero y Mary Beth Edelson a quien le influyó la pieza de Mendieta Ñáñigo Burial (1976) para su obra Grapceva Neolithic Cave: See for Yourself (1977) en la que Edelson se rodea de un círculo de velas, semejante a la silueta de Mendieta recreada por cuarenta y siete velas negras, utilizadas tradicionalmente en México en la fiesta de los muertos.

Sus Siluetas son su firma de identidad por así decir, varias Siluetas destacan por su inusual carga dramática o por la pura belleza de su poder formal donde su cuerpo queda integrado por la tierra, el aire, el agua y el fuego y que la convierten en una integrante destacada del land art. Así lo entiende Lucy Lippard en su obra Overlay Contemporary Art and the Art of Prehistory (Pantheon Books, New York, 1983), donde aborda sus Siluetas al igual que Spiral Jetty, la obra icónica de Robert Smithson.

La producción artística de Ana Mendieta a partir de 1970 se expuso con regularidad, además de clases, conferencias, festivales y proyectos al aire libre. Una de las últimas exposiciones donde se retoma alguna de sus obras: RE/SISTERS A Lens on Gender and Ecology. 5/10/23-14/01/2024. Barbican Centre – London. Esta muestra explora las conexiones entre género y justicia ambiental como partes indivisibles de un sistema global, partiendo de un ecofeminismo que surgió en los años 70 y 80 del siglo XX. RE/SISTERS reconoce que las mujeres y otras comunidades están en el centro de estos campos de batalla, no sólo como posibles víctimas, sino como protagonistas de la resistencia.

Ñáñigo Burial (1976). Realizada en la primavera de 1976, cuando Mendieta y Breder estaban en Nueva York, permaneció siete días activa en el suelo de la galería. Cuarenta y siete velas votivas negras componen la silueta del cuerpo de Ana Mendieta con los brazos en alto. Como se documenta en películas de Super-8 y diapositivas, las velas se encendieron en la inauguración de la exposición que se fueron reduciendo a una masa de material oscuro y pedregoso. El título afrocubano de esta conocida pieza, se refiere a los Abakuá, una sociedad secreta exclusivamente masculina en Cuba, se utiliza aquí para evocar la hermandad sólo en un sentido general. La construcción artística de Mendieta fue una expresión general de una visión más amplia de Cuba y Oaxaca de las celebraciones que había estado investigando y refleja la forma en que se usan las velas para marcar ocasiones festivas importantes.

Untitled, Silueta Series (1978), escena de un boscaje creada como encargo para otra galería neoyorkina. Naturaleza en un interior, con ramas, troncos y hojas recogidas en el entorno de la galería, a la que añadió una Silueta con rocas, musgo y tierra. Nos lo ofrece como un espacio en el que no se puede penetrar, es un espacio intangible tanto como las fotografías, pero con la Silueta física, como una traslación de la fotografía al espacio en tres dimensiones.

Ceiba Fetish (1981) situada en el parque Cuban Memorial Boulevard, en el barrio Little Havana de Miami. La ceiba es un árbol sagrado en Cuba y Mendieta esculpió la figura de un hombre, le pegó pelo en la zona genital para acentuarla, convirtiéndose en un lugar de reunión para los exiliados cubanos y un sitio sagrado para los santeros que la transformaron.

Maroya (Esculturas Rupestres) (1981). Esta escultura, al aire libre, está en el patio de una casa de unos amigos suyos y está pensada para quemar incienso según los ciclos de la luna.

Con las fotografías de sus acciones enlaza lo efímero con la exposición pública, con una mayor recepción. Experimentos múltiples que mejoran la relación plástica entre sus fotografías y sus obras en volumen. En sus continuas exploraciones de las Siluetas, Mendieta descubrió infinitas formas de vivificar la idea de que la naturaleza está viva, reproductiva y eterna. Continuó dando gran importancia a la fusión con la naturaleza y a través de su contacto físico con los diversos elementos de la naturaleza, Mendieta dotó a la tierra de una forma humana, percibiéndola y presentándola como un organismo vivo. Creó una forma alternativa a los monumentales trabajos de tierra como los de Robert Smithson, pero su lenguaje dependía de una selección íntima de elementos naturales. En este sentido, sus esculturas en tierra se parecían más a las de Richard Long, para quien una marca humana personal y sutil de la tierra establecía una relación reverencial e íntima con la tierra.

Cuando Mendieta llegó de nuevo a Nueva York en enero de 1978, su trabajo ya había aparecido en varios artículos de Lucy Lippard. Estos ubicaron el arte de Mendieta en nuevos contextos críticos importantes, por ejemplo, entre mujeres artistas como Hannah Wilke, Martha Wilson, Eleanor Antin, Adrian Piper y Marina Abramovic, quienes usaron sus cuerpos para hacer arte conceptual. En otros artículos, el trabajo de Mendieta se discutió en el contexto de diversas mujeres artistas que trabajaban con imágenes, como Carolee Schneemann, Judy Chicago, Mary Beth Edelson y Alice Aycock. También se habló de ella en compañía de artistas cuyas obras al aire libre fueron concebidas en el paisaje: Charles Simonds, Richard Long, Christo, Dennis Oppenheim y Robert Smithson, así como otras mujeres artistas como Michelle Stuart, Mary Miss, Christine Oatman, y Nancy Holt. Sin duda, Nueva York ofreció a Mendieta una comunidad y un estímulo artístico que demostraron la valentía, la audacia y la voluntad de la artista para explorar las transformaciones físicas y materiales. Interiorizó las ideas entonces vigentes de que el cuerpo podía funcionar alternativamente como campo o superficie (incluso como lienzo sustituto), donde reasignó, reconfiguró y representó su fisonomía.

El arte de Ana Mendieta estableció un lenguaje artístico para entrelazar historia, religión, mito y autobiografía y representar la tierra como un organismo vivo. Asimismo, las pinturas de Mendieta, por pocas que sean, incorporan motivos, abordan temas y se basan en fuentes que prefiguran sus piezas de performance, objetos escultóricos en lugares específicos y obras de arte corporal. Las pinturas insinúan su interés por el autorretrato, los temas católicos y el arte y la arqueología precolombinos, que también plasmó en dibujos. Aunque en última instancia no estaba satisfecha con su figuración expresionista, ni siquiera con sus imágenes abstractas, pronto se convenció del valor de representar el yo como sujeto y objeto en el arte.

Entre 1971 y 1973 Ana Mendieta lee las obras de Octavio Paz y le ayuda a concretar sus propias intervenciones artísticas, parafraseándole o tomando sus escritos como núcleo argumental para algunas de sus piezas y producciones artísticas. Así, podemos imaginar que hubiera leído:

 

ENVÍO

Tal sobre el muro rotas uñas graban
un nombre, una esperanza, una blasfemia,
sobre el papel, sobre la arena, escribo
estas palabras mal encadenadas.
Entre sus secas sílabas acaso
un día te detengas: pisa el polvo,
esparce la ceniza, sé ligera
como la luz ligera y sin memoria
que brilla en cada hoja, en cada piedra,
dora la tumba y dora la colina
y nada la detiene ni apresura. 


PIEDRA NATIVA

Como las piedras del Principio
Como el principio de la Piedra
Como al Principio piedra contra piedra
Los fastos de la noche:
El poema todavía sin rostro
El bosque todavía sin árboles
Los cantos todavía sin nombre 

Mas ya la luz irrumpe con pasos de leopardo
Y la palabra se levanta ondula cae
Y es una larga herida y un silencio sin mácula

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Catálogo exposición Ana Mendieta. En búsqueda del origen. MO.CO. Montpellier Contemporain, MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, Musée des beaux-arts La Chaux-de-Fond. 2023.

HERZBERG, Julia P., Ana Mendieta, the Iowa Years: A Critical Stude, 1969 through 1977. City University of New York, CUNY Academic Works, 1998.

PAZ, Octavio, Obra poética (1935-1998). Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2014, (poemas citados: pg. 85 y pg. 129).



[1] Carla Guardiola Bravo, cita una entrevista de 1960 en Village Voice, donde así lo expresa la propia Ana Mendieta. Catálogo exposición, pg. 18.

[2] Guardiola Bravo, catálogo exposición, pg. 21.

[3] Catálogo exposición, pg. 62. (Está Ovidio, pero también el eco de las “Correspondencias” de Baudelaire: “La Nature est un temple où de vivants piliers…”)

 

sábado, 25 de noviembre de 2023

POÉTICA PICASSO - LA TRADUCCIÓN DEL TIEMPO


El miércoles 22 de noviembre se presentó en el Ateneo de Madrid el ensayo Poética Picasso donde nos referimos a una forma de hacer poesía desde la pintura, siguiendo el lema de Horacio ut pictura poesis, “así en la pintura como en la poesía”. Teniendo esto en cuenta se analizan algunos de los trescientos cuarenta poemas, aproximadamente, de Pablo Picasso, los cinco sonetos de Rafael, algunos poemas de J.M.W. Turner, de Paul Klee, de Joan Miró y de Henri Michaux.

La semejanza que se ha establecido entre pintura y poesía, y viceversa, es la semejanza entre artes y refuerza lo que tienen en común y así se destaca en las poesías de Picasso, tratadas como sus pinturas y dibujos donde el trazo es grafía, letra con significado pero no con sintaxis. En sus poemas parece dibujar la misma emoción que siente cuando realiza sus óleos, cerámicas, esculturas o el “dibujo-dibujo”, Picasso tensa los medios del lenguaje cotidiano, nos reta, nos provoca, funde palabra e imagen sin saber bien si es la letra la que se convierte en imagen o la imagen en letra.

Se plantea, también lo que a mi juicio es la poesía: la traducción del tiempo. El arte es una artesanía que convierte la fugacidad en belleza. Si somos seres hechos de tiempo, traducirlo, supondría una necesidad de relación, una ordenación de la experiencia que manifiesta una marca de la memoria de ser. El tiempo que no tiene nómina está a disposición pero es inasible, lo podemos traducir cuando escribimos, cuando pintamos o cuándo.